Un microcosmos llamado Cenobio

Un microcosmos llamado Cenobio

20 julio, 2019 0 Carmen Núñez

A través de la historia de vida de Cenobio Gama Flores —campesino nacido un 30 de septiembre de 1922 en Santa Elena de la Cruz, en la zona conocida como El Llano Grande— el escritor Alejandro Morales, con escrupuloso cuidado, entreteje los acontecimientos significativos de la lucha armada que se fueron desarrollando en la región a lo largo de veinte años, de 1927 a 1947.

Reseña

En un breve texto titulado “El testigo”, Jorge Luis Borges expresó magistralmente el pesar que hay tras la muerte de un individuo. La ausencia física que deja con su partida duele, pero pesa, igualmente, la memoria que parte con él. Pocos son los que salvan del olvido sus recuerdos; pocos, los privilegiados que mediante la escritura entregan al mundo el testimonio de su existencia. Haríamos bien en ofrecer como tributo, antes de la partida, nuestra memoria personal, única e irrepetible.

Las memorias, la autobiografía, el diario, incluso la crónica, han sido los géneros narrativos que resguardan las vivencias personales de un individuo mediante la palabra escrita; en ellos, el narrador ordena y da sentido a los recuerdos, ya sea de un periodo de vida o de toda ella; una forma de rendirse cuentas a sí mismo. Ejemplos de escritura testimonial de alta calidad literaria hay muchos. José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Nellie Campobello o Andrés Iduarte son algunos escritores que plasmaron las impresiones personales que dejó en ellos el movimiento armado de la Revolución mexicana. Sus escritos acrecentaron el material anecdótico de este periodo bronco de la historia y, a través del tiempo, se han convertido en fuente de consulta imprescindible para hablar y estudiar el tema.

Sin embargo, miles son los testimonios de vida que, debido a su origen marginado y a su anonimato, quedan sepultados para siempre en la región del olvido. Por todo esto, la publicación de Cenobio. De la Cristiada al apocalipsis, regocija el ánimo de todos aquellos que comprenden la invaluable labor que hay en recuperar nuestro pasado, a través del diálogo directo con los testigos visuales de la revuelta social conocida como la guerra cristera; una lucha encarnizada, sobre todo, en la región que comprende los límites de Jalisco y Colima.

A través de la historia de vida de Cenobio Gama Flores —campesino nacido un 30 de septiembre de 1922 en Santa Elena de la Cruz, en la zona conocida como El Llano Grande— el escritor Alejandro Morales, con escrupuloso cuidado, entreteje los acontecimientos significativos de la lucha armada que se fueron desarrollando en la región a lo largo de veinte años, de 1927 a 1947. Lo que comenzó como una tesis de maestría en historia, se convirtió —tras poco más de un año de acumular entrevistas y registrar en cuadernos de campo información sobre el tema— en un valioso texto de lectura accesible donde se da cuenta de la vida cotidiana de la región.

El recurso narrativo que utiliza Morales para dirigir el discurso es amable con el lector, a pesar de la propiedad con la que debe ser realizado un trabajo académico. El historiador hizo bien en apostarle al encanto y naturalidad del habla de Cenobio. Gracias a eso, registra arcaísmos y modismos propios del lugar que, difícilmente, escucharíamos en la actualidad; como “bastimentero”, un término usado para designar a los encargados de aprovisionar de comida a los cristeros; o la sonora perífrasis “anduvimos andarileando” que expresa el trajín al que se sometieron los habitantes del Llano; y qué decir de la expresión “áhijole de la chintola”, interjección popular característica de la región. Esta riqueza expresiva preservada en el texto le otorga, además, un gran valor lingüístico.

Sobre la vida cronológica del campesino que se enorgullece de haber crecido libre como los venados, Alejandro Morales aporta infinidad de fuentes bibliográficas con la intención de validar o descartar las anécdotas vertidas por el entrevistado. Cuando es necesario, el historiador interviene en el discurso para aclarar zonas indeterminadas que aparecen en los diversos diálogos. Sin embargo, sería importante puntualizar que algunas de las notas a pie de página podrían introducirse con mejor acierto dentro del cuerpo del trabajo debido a la pertinencia de sus aportes. Esta erudición del aparato crítico, si bien alimentan el rigor y sustenta la argumentación de una tesis de maestría, se convierten, para los fines de una lectura informativa, en datos reiterativos que detienen un poco la lectura.

En la introducción al texto, Alejandro Morales escribe: “una historia de vida siempre es la historia de vida no sólo de un personaje, sino la de muchos: de una época, de una comunidad, de una forma de ser y de estar en el mundo, y del mundo mismo.” La vida de cada uno de nosotros es única e irrepetible, Cenobio Gama lo sabe y aprovecha el protagonismo que le otorga su condición de orador senil para cultivarnos con la sabiduría popular de antaño, ésa que los más jóvenes no identifican como suya. Con sus anécdotas aprendemos que el Cerro Grande fue un territorio abundante en alimentos, que la riqueza biológica de la región otorgaba casa, comida, agua y hasta jabón (las nueces del árbol de los asmoles es un jabón natural) para mantener limpios y con vida a todos los “encuevados” que habían dejado sus hogares y huían del gobierno por el temor de ser asesinados. Ahí están las leyendas rurales de cerros encantados, las catástrofes naturales que aderezaron aún más la tragedia de la guerra, los asesinatos contra sacerdotes y líderes de los cristeros, los bandoleros villistas que atosigaban la región con sus robos constantes. Pero está también, el amor y la integridad de una existencia inclinada hacia la fe, la lucha por salir adelante “siguiendo lo bueno”, es decir, honradamente; y, la gratitud con la tierra por su cobijo.

Para concluir con el relato, Alejandro Morales nos deja un hervidero de preguntas en la cabeza que cuestionan el futuro de la región donde creció Cenobio Gama y que dan cuenta de la pertinencia y el valor de su libro; así como, la de conocer nuestro pasado: ¿qué pasará con el Llano Grande ahora que parece una fábrica inagotable de alimentos debido a introducciones tecnológicas y capital extranjero?, ¿qué será de los agricultores y jornaleros?, ¿será benéfica o dañina tanta globalización en la región? Cenobio Gama Flores, con casi cien años de experiencia a cuestas, no parece muy optimista. Haríamos bien en escuchar sus razones.

En “El testigo”, Jorge Luis Borges escribió: “Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa, o un número infinito de cosas, muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo.” El libro que hoy nos presenta Alejandro Morales contribuye a rescatar esa memoria, la memoria que aún sigue fresca y jubilosa en el microcosmos de Cenobio Gama Flores.

Alejandro Morales. Cenobio. De la Cristiada al apocalipsis. México, Puertabierta editores / Archivo Histórico del municipio de Colima, 2019, 104 pp.