Tristeza profunda

Tristeza profunda

17 mayo, 2019 0 Carlos de la Peña

Opinión

El Congreso del Estado de Colima se vio envuelto en una trifulca, y lo más penoso del asunto es que quienes participaron fueron jóvenes estudiantes.

No hay más. Ayer se vivió un episodio penoso, lamentable, burdo, soez, barato, vulgar. El Congreso del Estado de Colima se vio envuelto en una trifulca, y lo más penoso del asunto es que quienes participaron fueron jóvenes estudiantes. Aquello que llena de pureza y esperanza a nuestra generación se ve desbaratado poco a poco por algunos salvajes. Falta de diálogo, nivel de debate paupérrimo y agresiones físicas imperaron en nuestro palacio legislativo, donde, cabe recordar, trabajan los representantes del pueblo.

Merecemos seguir teniendo el mote de “rancho”. Lo merecemos a pulso. Me aterra pensar que esas nuevas generaciones serán las que en algún momento tomen la estafeta de los que van de salida. Me aterra que imperen los grupos de choque, porros y demás individuos deleznables en las instituciones educativas. ¡Por favor! ¡Con las universidades no! Con lo que quieran, menos eso.

Jóvenes que no entienden que no representan a nada ni a nadie. Que sus intereses son irrelevantes ante el colectivo social. Jóvenes que piensan que ser “líder de la sección 345 del distrito 211 de la comunidad tal, del grupo juvenil revolucionario azteca” es tener poder y representación. Se marean en un ladrillo. Ahí esta el problema. 

Más duele que algunos de ellos sean estudiantes de algo tan puro como el aprendizaje de la Ciencia Política en sus concepciones idealistas. Duele, y duele mucho. No se presten a espectáculos baratos, meros zafarranchos. Estoy seguro de que nuestra generación da para más. No se dejen mangonear por aquellos que, una vez llegando al poder con intenciones positivas, fueron corrompidos y arrastrados al mundo cíclico de una irrelevante política enquistada. Ustedes no, por favor.

Su tiempo llegará. Trabajen desde sus trincheras, pero siempre con sus ideales por delante. Ningún partido político es malo. De todos se puede aprender, y cosas bastante útiles para sus respectivas carreras profesionales. Esa distinción entre buenos y malos déjenla para las películas o videojuegos. Se trata de construir entre todos, con todos y para todos. Busquen entre sus memorias lejanas la razón por la cual entraron al difícil ruedo de la política. Sólo ahí encontraran la pureza de la misma.

Entiendan su entorno, estúdienlo. No sean serviles de unos cuantos que se ostentan como máximas representaciones políticas, cuando no representan ni a su barrio. Las nuevas generaciones deben velar por los intereses que estén cercanos al bien común, no de unos cuantos. Necesitamos sacar nuestras propias conclusiones de los sucesos que acontecen día con día en nuestro país, no simplemente seguir un guión. ¿Dónde está entonces la innovación que tanto pregona la juventud? Es, simplemente, de papel.