Ropa americana, de Dennis Ávila: la desgarradora epopeya del abandono

Ropa americana, de Dennis Ávila: la desgarradora epopeya del abandono

8 abril, 2020 0 Carmen Núñez

Dennis Ávila. Ropa americana. México, Puertabierta / Amargord, 2018, 68 pp.

Aprovechando que hoy el ritmo de la ciudad es otro y que todos aguardamos, desde donde podemos, el fin de la contingencia sanitaria, quiero invitarlos a darle un espacio a la poesía. En especial, me gustaría hablarles del trabajo de un joven poeta hondureño y quien, desde hace tiempo, radica en San José, Costa Rica: Dennis Ávila. Su poemario Ropa americana (2017) de belleza perturbadora fue publicado hace un par de años en coedición por Puertabierta y Amargord, dos casas editoras interesadas en la difusión de material poético.

Ahora escuchamos mucho sobre “coronavirus”, pero a principios del 2019 otra era la amenaza que alarmaba a las autoridades mexicanas. Las imágenes que presentaban los medios masivos de “manipulación” eran las largas caravanas de centroamericanos ingresando a tierras mexicanas. Llevaban a cuestas, además de infantes, la esperanza de cruzar la frontera norte de nuestro país con la ilusión de conseguir asilo en los Estados Unidos. Sin embargo, el país vecino del norte ya había tomado sus precauciones con antelación, y a México le tocó ser el de la ayuda humanitaria con los rechazados; además, en vísperas de la firma de un tratado comercial, nuestro país se vio forzado a utilizar su Guardia Nacional, de reciente formación, con la finalidad de endurecer el ingreso de personas en la frontera sur; ese territorio geográficamente mexicano, pero moralmente huérfano.

El tema de la migración centroamericana hacia Estados Unidos exigiría un espacio discursivo como el ensayo para ser tratado con debida seriedad. La crónica o la novela también podrían abordar sin mayor dificultad la problemática migratoria desde una perspectiva literaria. ¿Y la poesía? ¿Puede un poemario reflexionar sobre temas de migración, sobre todo, si el que escribe los versos no ha tenido la experiencia del éxodo centroamericano, ese que dirige sus esperanzas a Estados Unidos? Pero el poemario de Dennis Ávila demuestra con gran fortuna la ductilidad del discurso poético; sus versos constatan que la poesía es el espacio óptimo para tratar problemas de urgencia suprema si lo que queremos es sensibilizar y evidenciar la esencia común de los conflictos humanos.

Ropa americana está dividido en tres apartados cuya lectura traza un recorrido temporal muy cinematográfico. La primer parte del poemario, titulada El jardín de las cenizas, se conforma por una serie de poemas que parten del contraste entre imágenes de la infancia que atesora el poeta y el recorrido actual de esos mismos lugares. La voz poética que dirige el trayecto comienza con el regreso a las raíces. Después de 25 años de ausencia, el poeta está de vuelta en Tegucigalpa. Sin embargo, la ciudad ha cambiado. Su aspecto y temperamento son otros. Un halo de hastío y temor cubre los rostros de sus habitantes y el paisaje que años atrás resultaba grato se torna incómodo. En “Tour por una ciudad destruida” se lee: “Nuestro centro histórico / es un búnker más grande que el espanto. / Aunque finjamos ser felices / respira entre nosotros lo perdido.” Para el poeta, recorrer las calles de la actual capital hondureña y describirlas es hacer un elogio al despojo.

Ese desencuentro con lo amado construye Breve historia de la sed, la segunda parte del poemario. En ella encontraremos la epopeya del migrante centroamericano. Las razones que lo orillan a partir son evidentes. Una violencia exacerbada se apodera del espacio y, para salvar la vida, la alternativa posible es la huida. Pero el trayecto que se avecina está igualmente lleno de riesgos que sortear: los coyotes y sus abusos, el impuesto de salida que pagan las mujeres a los traficantes, los maras que aparecen a lo largo del camino como “balas perdidas”, la bestia y su engañosa mansedumbre, el desierto, la muralla y sus carniceros centinelas. Un viaje de peligros inminentes que debe ser cruzado para —según han dicho— encontrar la anhelada tranquilidad. Y aunque en este suicida desplazamiento también existen entidades de noble corazón, como las patronas o los albergues para migrantes, estos son insuficientes ante el océano de amenazas. Sobre las patronas, Dennis Ávila escribe:

Ayudan a los mojados

que se aferran

a los trenes de la muerte.

Les dan agua

como hace el público en una maratón.

Se despojan de víveres

que llevan las huellas maternales

de su empatía.

Saben que los sueños

deben alimentarse,

que esos hombres podrían ser

sus hijos o maridos.

Y como las mujeres

que pretenden ver al sol,

arrastran el mismo peso

de sus sombras.

La última parte del poemario, El sueño americano, nos lleva al otro lado de la frontera norte. La llegada a Estados Unidos no es el fin del viacrucis. Hace falta recorrer una ruta aún más larga para obtener la residencia legal. En esta sección del libro, el lector se adentra en los pensamientos y en la vida diaria de los que están a la espera del otro lado del río Bravo. Una variedad de personas tomará la voz poética para contar la tragedia que llevan dentro. En el siguiente fragmento del poema titulado “Visa” la desilusión es compartida:

Los que fuimos deportados

el día que llegamos.

Las que dejamos atrás a nuestros hijos

para cuidar un French Poodle en Manhattan.

Los que ahora somos dealers

y no perdemos tiempo

robando una gallina.

Los que tenemos permisos temporales

y aún así vivimos en el aire.

Los que desertamos

en los juegos olímpicos del 96

para administrar un carrito de hot dogs.

Las que amamos a nuestro proxeneta

aunque seamos infieles con el crack.

Los que vivimos traumados por La Migra.

Los que arreglamos tu motor

y almorzamos a las cinco de la tarde

con las manos llenas de aceite y mostaza.

Las que quisimos ser estrellas de cine

y hoy actuamos de pancartas

para que la gente lea en nuestro cuerpo

la promoción del día.

Los que mantenemos limpio tu jardín.

Las que fuimos terriblemente engañadas,

terriblemente violadas,

terriblemente vencidas.

Los desaparecidos.

El sosiego deseado al principio del viaje es ilusorio. Ahora son presos de la dinámica gringa de trabajo capitalista y de las promesas enunciadas con amor antes de la partida. Trabajan hasta el cansancio en lo que pueden. Pero el esfuerzo no reconforta del todo cuando lo amado se ha quedado del otro lado del río. Viven añorando aquello que tuvieron que dejar en la partida: sus raíces. Tanta constatación de sufrimiento concluye con el poema “Honrada sepultura”:

¿Qué será mejor?

¿Vivir en Estados Unidos

sin dominar un idioma

en esta selva de cosas

que le pertenecen a otros?

¿O estar frente a tu milpa viendo morir

a cada uno de tus perros

con decencia?

Dennis Ávila ha conformado unos versos que denuncian la indiferencia humana ante el problema migratorio centroamericano. Sus versos son haces de luz que evidencian la tragedia. La novedad de su propuesta es el género literario que utiliza para expresar la desgarradora epopeya del abandono. Su poesía es auténtica. Nace de un profundo amor a la infancia; a la Honduras que, a pesar de las desgracias, se mantiene cándida en los recuerdos primigenios del poeta.

Ropa americana es un recordatorio del engaño: prendas usadas y desechadas por quienes viven el sueño anhelado. La huida hacia el norte como opción de sobrevivencia tiene como punto de llegada una vida ajena, una existencia construida entre el rechazo constante de los otros. Su destino no tendrá el reposo esperado en el viaje. Sin embargo, Dennis Ávila también nos recuerda que los sueños mueven nuestras acciones y que migrar es parte fundamental de la naturaleza humana.

Breve historia de la sed

Una tortuga rompe su nido de arena.

Como hormiga,

escala el caparazón de las hermanas

hasta ver la luz.

No lo piensa: huele el mar.

Agita sus patas

como si fueran los remos

de un barco imaginario

que nació en su cuerpo.

Corre en busca de la sal.

Deja huellas bruscas,

navajazos sobre la arena,

aletas rompiendo el aire.

Quiere llegar

a la paz amniótica del agua.

Antes deberá enfrentarse

a depredadores,

al mal tiempo,

a esas olas que persigue.

No pueden prohibirle el mar.

Indocumentado

Un perro huye en un centro comercial.

Guardias de seguridad intentan atraparlo.

Cree escapar,

baja la velocidad

y bebe agua de una fuente.

Todo a su alrededor le parece peligroso:

los quioscos son carros

que intentan atropellarlo,

las personas se abalanzan sobre él.

ve hacia arriba y se pregunta

quién se llevó el cielo.

Encuentra madriguera

en una tienda de zapatos.

Lo expulsan con una soga al cuello.

Regresará pronto:

nada lo hará más feliz

que volver por las sobras

de esa comida rápida.

*Crédito de imagen: Dennis Ávila. Fotografía de Paola Valverde.