Responsabilidad histórica

Responsabilidad histórica

4 septiembre, 2019 0 Carlos de la Peña

“Considero que la importancia de otorgarle voz a los jóvenes radica en que los mismos tengan algo importante que decir. Algo que quienes los escuchen o leen tengan un panorama más amplio del quehacer político. Es nuestra responsabilidad marcar la agenda política desde una óptica informada sobre los contextos sociopolíticos del estado. “

Opinión

Los jóvenes tienen un compromiso con la historia. En específico, los jóvenes de Colima se preparan para tareas mayúsculas. Se viene una generación de mujeres y hombres pensantes, militantes de distintos partidos políticos, activos en la sociedad civil y otros rincones. Hay un constante interés por las decisiones y el rumbo político que se toman en nuestro estado, y se ve reflejado en distintas expresiones. Algunos ya laboran en administraciones municipales, gobierno del estado, partidos políticos. Otros se dedican a expresar sus ideas en medios escritos, digitales o en su forma más tradicional, alzando la voz en plazas públicas. 

¡Esa es la juventud que cuenta! La que es intensa, la que cuestiona y no da nada por sentado. Aquella que quiere ir más allá y ser trascendente para el colectivo social. La que estudia día a día para tener algo por decir. A su vez, es la misma que es señalada y estigmatizada con calificativos despectivos acerca de sus deseos legítimos de poder participar algún día (ojalá pronto) en los asuntos políticos. Ojalá apoyáramos a quienes vienen empujando con ideas innovadoras y una perspectiva distinta sobre cómo se deben de hacer las cosas. 

¿Por qué los jóvenes no pueden aspirar a ser diputados, presidentes municipales o regidores? Mientras más tiempo sigamos con los viejos tabúes despectivos tales como: “no tiene experiencia”, “está demasiado joven” o “seguro alguien lo maneja” jamás haremos la transición política. Un joven tiene que pelear desde abajo su puesto y ganárselo con ideas y trabajo. No siendo ordinarios. Olvidemos ya aquello de las famosas estructuras, pues es evidente que es bastante complicado que un joven tenga la famosa “estructura” si se ha dedicado a estudiar y prepararse. Claro esté, el joven que se dedica a la “grilla” (termino que le ha hecho tanto daño a la política) argumentará que cuenta con el respaldo de medio estado, cuando muchas veces es un apoyo endeble, pues carece de coincidencias ideológicas.

Coincidir hoy en día es una tarea bastante compleja, pues el cúmulo de información que tienen todos al alcance de un teléfono enriquece el debate público (si se informa de fuentes confiables), por lo que convencer a otra persona sobre algún ideal en común tiende a ser bastante difícil. Imperan los sesgos, las filiaciones y demás factores. Argumentos sólidos y llenos de energía es lo que debe caracterizarnos. 

Considero que la importancia de otorgarle voz a los jóvenes radica en que los mismos tengan algo importante que decir. Algo que quienes los escuchen o leen tengan un panorama más amplio del quehacer político. Es nuestra responsabilidad marcar la agenda política desde una óptica informada sobre los contextos sociopolíticos del estado. La política también se hace desde la arena ideológica.

El viejo establishment no puede ser criminalizado en su totalidad. Hay grandes políticos que han marcado el rumbo y se han desempeñado de una manera importante. Apoyarnos en ellos es fundamental para dotarnos de experiencia administrativa. De cómo son las cosas en la realidad. Generalizar sin argumentos es un error en el que muchos jóvenes políticos recaen, pues consideran que todo lo que “huele a viejo” está viciado. Muchos aspectos de nuestra sociedad contemporánea han sido idealizados y materializados por alguno de los integrantes de la vieja guardia.

Atreverse es el primer paso. ¡Debemos pedir los espacios para influir en la vida pública! Ningún partido va a llegar a tocar a tu puerta para ofrecerte una candidatura. Sin pena ni limitantes, ha llegado el momento de los jóvenes, por más trillado que suene. Eso sí, jóvenes de calidad, no cualquier espontáneo o demagogo en potencia.