Remedios caseros para curar el dos mil veinte  | Martha Gutiérrez

Remedios caseros para curar el dos mil veinte | Martha Gutiérrez

11 noviembre, 2020 0 Martha Gutiérrez

Por lo pronto, el agua de mar que nos inunda de gozo es la mejor medicina, muy parecida a la felicidad.

Santiago ve de reojo que nadie lo observa e intenta dar unos pasos más en el oleaje suave de La Perlita. Poco a poco, mientras recoge guijarros y cascarones de ostiones, conchas de almejas y algunas ramas flotantes en el mar azul y con el pretexto de arrojarlas hasta donde le alcanzan las fuerzas, avanza mar adentro.

Con un sentimiento doloroso pienso que pertenece a esa inmensidad azul que le encanta. Su mirada se pierde en la lejanía y suspira con nostalgia. Adivino en sus pequeños cuatro años un deseo de nadar más allá del embarcadero, del muelle, tras los barcos, hasta donde se pierde el sol.

En cualquier momento, en un descuido, se zambulle, flota, se hunde. Cuatro manos lo levantan en vilo y él se carcajea en su inocencia. Ignora que ese gigante que lo embruja es traidor. Enamora y extermina sin piedad. Prohibido quitarle la vista de encima. Un descuido más y él olvida la preocupación y los cuidados y nuevamente esa forma de perderse en un infinito índigo que asusta, en su añoranza de otra vida, a los recuerdos de una reencarnación en un ser marino.

Desvío la mirada a las barcas que se mecen con suavidad, no tanto por las mansas olas de esta orilla empedrada, sino con el viento acariciante de este noviembre tan prometedor de cambios saludables. Me cansa el cemento de la banqueta, obligada a permanecer cerca del pequeño tritón. También los guijarros lastiman y no entiendo como ése niño camina descalzo sin gestos ni quejas.

Se extrañan las parvadas de gaviotas, pelícanos, tijeretas. Algunas aves vuelan lejos del muelle. Será que no tienen quién les suministre los desperdicios de pescado. O en el cambio de horario se descontrolan sus hábitos alimenticios. Quizá en esta ensenada no tengan peces que atrapar, aunque de pronto se divisan muy cerca manchas de sardinas que se agrupan frente a la marina. Tampoco se escucha ningún rumor en los embates de las rompientes. Puede ser que el sonido del tráfico opaque al de la naturaleza.

Vuelvo a mi vigilancia. Sonrío al pensar en las palabras que nos hicieron ir al lugar que estamos en este momento. Mi nieto cada día por la mañana hace tangos por mis ausencias. Se conduele con fastidio y hoy que es sábado, aunque todavía no distingue días festivos ni vacacionales, empezó con su cantinela. Con voz chiqueona dijo que se sentía malo de la enfermedad. En cuanto supo que lo llevaría a la playa se le quitó todo el malestar. Preparamos ropa para prevenir la bañada a fuerzas cuando tenemos que entrar por él, toalla, leche y lo necesario para unas horas bajo el sol.

Mientras resguardo al chiquillo atrevido, en el paseo caminan muchas personas con cubre bocas. La mayoría son turistas y algún local que sigue las instrucciones de salud que indican cuidarse. Miro los puestos ambulantes en donde hay de todo tipo de antojitos y extrañamente los que están comprando son los porteños. Parece que los visitantes van a lugares seguros, protegidos con las medidas de seguridad que exigen y que a los comercios callejeros son inmunes. No dedico mucho tiempo a la observación; un ojo en el gato y otro en el garabato, dicen.

Santiago es incansable. De su dolencia ya no se acuerda. Ahora quiere comer, sin salir del agua. Los amigos “Pachucos”, preparan unos ricos tacos de pescado, ceviche muy fresco y unos cocteles de mariscos, deliciosos. Una mesa cercana a la ribera nos evita retirarnos del celo impuesto y disfrutar la radiante mañana de otoño de un año problemático.

Por lo pronto, el agua salada que nos inunda de gozo es la mejor medicina, muy parecida a la felicidad. Después de tantas limitaciones, en las que indebidamente se reprime el afecto a través de abrazos y besos, de cercanías y apapachos, de festejos tradicionales, reuniones familiares y amistosas, parece que un baño de esta masa líquida revitaliza, cura y alegra. Casi todo.