Poder político y medios: una extraña y difícil relación

Poder político y medios: una extraña y difícil relación

7 agosto, 2019 0 Hugo Sandoval

La línea dictada desde algunas oficinas de comunicación hacia los directores de medios, reporteros, columnistas, lectores de noticias, etc. raya en lo ridículo y patético, pues a veces es evidente el engaño y la manipulación que se quiere hacer para tratar de lograr algún objetivo a favor de quien está pagando.

Opinión

Desde el primer momento en que un estadista o gobernante tomó en serio la utilización de los medios de comunicación a su alcance, para promocionar o difundir sus quehaceres, logros, obras o simplemente para hacer culto de su propia imagen y así tratar de mantenerse en el poder, se dio una relación turbulenta, llena de manipulaciones y perversidades por ambas partes y en donde el aspecto económico es y ha sido ingrediente importante en muchos de los casos, para moldear lo que llega a la población, a las masas, ya sea para bien o para mal y que repercute en la información o desinformación que se tenga.

Es común que algunos, o muchos políticos, tengan a los medios de comunicación como un enemigo del que cuidarse. Y las reacciones por tal motivo pueden ser diversas y que van desde el pacto económico hasta la manipulación de la información, pasando por la prohibición de la libertad de expresión con métodos que incluso llegan a afectar los derechos humanos.

Ese enfrentamiento ha producido relaciones extrañas, al punto de que muchos políticos y gobernantes han optado por ser ellos mismos los dueños y amos de algunos medios de comunicación, con lo cual se evitan el negociar con personas con intereses diferentes y así poder manejar la información a su antojo, pues se está dentro de ella. La discusión de si los políticos o los gobernantes deben ser los que manipulen la información como una propiedad está vigente, pues no se puede ser juez y parte. El periodismo, en teoría, debe estar enfrentada al poder político y no necesariamente en contra o a favor de manera complaciente, no olvidemos que los medios de comunicación cumplen un papel de vigilantes, de señalar lo que no se hizo, lo que se dejó de hacer o lo que se hizo mal, aunque también relatar lo que se hace en beneficio de la población sin llegar al aplauso desmedido que a todas luces muestre un pago de por medio o un favoritismo sospechoso.

La comunicación social de las dependencias de gobierno tiene muchas aristas, muchos lados de los que se puede observar. En principio tenemos que el enlace natural entre los políticos y gobernantes y los medios de comunicación suele ser una dirección, una secretaria o una coordinación de comunicación social, encabezada por un profesional de la comunicación o al menos alguien que conozco el manejo de medios y las relaciones públicas, cosa que no siempre es así, pues dicho puesto suele ser ocupado por alguien cercano que puede ser un familiar o un amigo, o bien, alguien a quien se le paga así el trabajo realizado en campaña o algún favor político, lo cual entorpece la buena marcha de una relación de por sí complicada.

Por supuesto que si no se tiene una formación completa y no hay profesionalismo, la tendencia es la de favorecer a los “amigos”, no solo con información privilegiada, sino también con todo tipo de favores que hace perder toda parcialidad en el manejo de la información. Pero peor de lo anterior, es excluir sin miramientos a quienes no consideran afines a sus intereses o estilos, quitándole valor a cualquier vínculo con la población, pues todo medio tiene su segmento de seguidores, de auditorio o de lectores.

Las tareas a realizar son muchas, pero bien definidas, adoptando un estilo propio que atrape al consumidor final de manera favorable. Diseñar y planear estrategias integrales de comunicación, diseñar campañas de imagen, atender las peticiones informativas de los diversos medios de comunicación, administrar el presupuesto de la dependencia y llevar a cabo una política sana de relaciones públicas con los medios de comunicación, son algunos de los puntos medulares que deben de tomarse en cuenta, sin que ello signifique lo único por hacer para tener resultados favorables en el manejo de la comunicación de una dependencia o de toda la administración gubernamental.

Las presiones económicas o la ambición de algunos comunicadores han hecho de los medios de comunicación un mercado abierto, una subasta al mejor postor y eso no tendría ninguna importancia en lo general, si solo tuviera que ver el pago de parte de uno y el enriquecimiento del otro, sino que lo que está en juego es la información que llega a una población ajena o distante de los intereses que hay de por medio.

La línea dictada desde algunas oficinas de comunicación hacia los directores de medios, reporteros, columnistas, lectores de noticias, etc. raya en lo ridículo y patético, pues a veces es evidente el engaño y la manipulación que se quiere hacer para tratar de lograr algún objetivo a favor de quien está pagando. Por otra parte, resulta muy normal que los gobiernos contraten a los medios para la divulgación de mensajes, sin que ello signifique la compra de la línea editorial del medio, cosa que regularmente no es entendida y no se hace una correcta separación entre la compra de un servicio y la compra de conciencias para publicar lo que más conviene a quien paga.

Cualquier parecido con lo que tenemos en nuestro entorno, es mera desafortunada coincidencia.