Paridad y equidad  | Martha Gutiérrez

Paridad y equidad | Martha Gutiérrez

7 marzo, 2020 0 Martha Gutiérrez

#JusticiaParaFabiola | Opinión

El 8 de Marzo es Día Internacional de la Mujer. El ser que engendra vida para la vida. No es cualquier día. Es uno de festejos, de logros y éxitos. Ya no se acepta el papel protector, dadivoso y dulce. Ya no sumiso, pero todavía frágil. Nada comparable al varón, de naturaleza diferente, por siglos acostumbrado al poder masculino, de su desarrollo físico, de su don para ser el respetado, el que cumple con llevar el pan al hogar (cuando mucho) y después de eso se merece el descanso, el halago y la obligación de girar todo a su alrededor.

Mientras, la homenajeada en determinadas fechas, incluida ésta, debe prepararse para saber atender a su hombre, serle fiel hasta la muerte, educar, alimentar, adivinar el pensamiento, cocinar, lavar, planchar, obedecer, dormitar con un ojo solamente, por si hace frío cerrar ventanas o calor abrirlas, aplicar medicamentos, ungüentos y linimentos.

A cambio recibe como premio la pasión, besos y caricias, cuida la estirpe engendrada, nueve meses de desvelos, sacrificios e incomodidades. Sin embargo llena de ilusión. A la espera de quien va a protegerla. Alguien que sale de su propio cuerpo. Esa esperanza de una nueva existencia por la que valen la pena dolores y empeños. De no lograrlo se desquitará con otra mujer, como la que lo llevó en las entrañas y no supo educarlo. Porque de ella es el compromiso. De nadie más. Claro que si es altivo, egoísta y golpeador de las hermanas se lo pasan, porque para eso es el macho que “cuida el honor de la familia”.

Dentro de una morada todo se oculta, se esconde, porque así fue educada, enseñada. De generación en generación se fue guardando el secreto de la paciencia, humildad y el silencio. Porque los golpes, humillaciones y sufrimientos son única y exclusivamente para la mujer. Los hombres tienen el derecho de enderezar el rumbo de su barco. Como lo hagan a nadie le interesa. Las leyes se vuelven inmunes a los de su misma especie.

Ayer una madre de familia dejó huérfanos a sus hijos. La apuñaló el hombre que un día prometió amarla, protegerla. Hace dos días, una niña de cuatro años desapareció. Las cámaras muestran cómo fue arrebatada, violada y asesinada. Tumbas clandestinas, desapariciones, violencia, trata de blancas, bares en donde drogan muchachas y las venden. Sí, es cierto que hay asesinatos de hombres y terrorismo en su contra. Sí, ellos son parte de la nueva generación de desorden, prostitución y vicios, pero en otro nivel. Todavía tienen oportunidad de ponerse al tú por tú con un igual.

No hay nada comparable a la indefensión. A enfrentarse con dos o más tipos que demuestran una hombría ante sus congéneres y se satisfacen con la intimidación y el crimen. No puede haber similitud en alguien que nació para dar vida con otro que se acostumbró a quitarla. No existe ninguna igualdad en una persona que enseñaron a disponer, satisfacer, ordenar y la otra a obedecer, a caminar detrás de alguien, a no levantar la mirada, a no hablar, a no vivir…