Ojalá… medio siglo

20 julio, 2019 0 Godú

Escrito por: Julio César Zamora.

Quise bajarme del carro, pero me detuve. Dejé mis manos sobre el volante, mirando por el espejo retrovisor lateral, como si fuera una ventana donde surgían imágenes dibujadas por las palabras que estaba escuchando. Palabras que impidieron moverme, sin dejar de emocionarme y sentir esa nostalgia que sólo puedo definirla como saudade. Más esa maldita ironía de hallar extraños paralelismos en ciertas circunstancias que la razón no logra dilucidar.

Hacía años, ignoro cuántos, que no escuchaba Ojalá, tal vez la última ocasión fue cuando deposité una moneda en la rockola, aquella inolvidable que daba cinco canciones por diez pesos, para luego embelesarme en el rincón de la barra. Quizá hubo otras veces después que la oí, sin escuchar. Pero la imagen primera que vino a mi mente, tras sonar la melodía en el radio de mi automóvil, fue ésta. No me bajé hasta que terminó.

No me considero un melómano de la trova cubana, o en específico de la música de Silvio Rodríguez, pero formo parte de esos seres hechizados con esta composición. Lo excepcional de las circunstancias es que días antes leí un par de artículos de David Huerta (Los delatores) y de César Güemes (Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan…), respectivamente, sobre la canción y el compositor. El poeta la destrozó, como a su autor, y el novelista la encumbró, como a su autor.

Cada uno de estos notables escritores tiene sus respetables motivos, pero estos paralelismos me llevaron a indagar sobre el origen de la canción que ahora cumple 50 años de haber sido escrita (1969) por el cantautor cubano, aunque se publicó hasta 1978 en el disco Al final de este viaje. Su contexto y significado fue la otra incógnita que me hizo escudriñar algunas páginas de la historia, encontrando un estudio académico de Cecilia Churquina, teórica y crítica de música, acerca de esta composición de la que tanto se ha rumoreado sobre su contenido político, sobre todo por algunos versos como “A tu viejo gobierno de difuntos y flores (…) Ojalá pase algo que te borre de pronto/ Una luz cegadora, un disparo de nieve”.

La investigadora resalta que lo interesante del surgimiento de esta composición es que se da en un punto histórico en que la música estaba regida por una cultura pop, “producto de la globalización de una sociedad moderna y capitalista, pero al mismo tiempo por las dictaduras que se daban simultáneamente en los países de Latinoamérica y en un boom de música comercial fácil de entender. Ojalá se presenta de manera diferente impactando en los jóvenes de ese momento, la musicalidad de sus versos abiertos”.

El propio Silvio Rodríguez expresó en una entrevista que, Ojalá, la compuso y dedicó a una mujer de nombre Emilia Sánchez. “Fue mi primer amor, un amor cuando estuve en el Ejército, haciendo mi servicio militar. La conocí cuando tenía 18 años”. El cantautor aclaró que ella fue de algún modo su primer amor importante porque fue quien le “enseñó cosas”, describiéndola como una mujer de letras, “una muchacha mucho más evolucionada que yo, mucho más inteligente, más culta. Me enseñó, por ejemplo, a César Vallejo”, pero posteriormente estudió la carrera de medicina, algo que nunca acabó de comprender el músico. Tampoco señala que haya sido una separación malograda entre ambos, sino producto de las circunstancias.

Como sea, un amor así no pudo pasar desapercibido, porque el humanismo, la inteligencia y la belleza combinadas (cómo no suponerlo ante la mirada constante, la palabra precisa y la sonrisa perfecta), es un trípode que se encarna en el alma, algo que debemos agradecer a la siempre bella Emilia, por haber sido la musa que engendró los arpegios y estribillos como: “Ojalá que la lluvia deje de ser milagro/ que baja por tu cuerpo;/ ojalá que la Luna pueda salir sin ti;/ ojalá que la tierra no te bese los pasos”.

Si atendemos el origen etimológico de la palabra, Ojalá, es una férrea insistencia del autor que se traduce en ¡Dios quiera!, a ese grado es su contradicción de olvidarse de ese amor que finalmente hizo inolvidable en el medio siglo que llevamos escuchándola, aun cuando Silvio implora “Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones”.