Los grandes ausentes en el diálogo político nacional

Los grandes ausentes en el diálogo político nacional

5 julio, 2019 0 Carlos de la Peña

Meade sigue su camino en el sector privado. Ricardo Anaya ha desaparecido. Margarita Zavala se encuentra en la formación de un nuevo partido político. Jaime Rodríguez volvió a su estado… ¿Qué no el gran momento del cambio era el 2018?

Opinión

Ojalá tuviéramos a Margarita Zavala, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y a Jaime Rodriguez Calderon fungiendo como asesores del presidente. Una lejana y llana utopía. Los cuatro pregonaban un ideal de país en caso de que se concretara su victoria. Un México sin corrupción, sin violencia e impunidad y con gran progreso económico. ¿En qué quedaron las buenas intenciones?

Meade sigue su camino en el sector privado. Ricardo Anaya ha desaparecido. Margarita Zavala se encuentra en la formación de un nuevo partido político. Jaime Rodríguez volvió a su estado (donde nunca debió salir, ya que se comprometió a gobernar seis años). ¿Qué no el gran momento del cambio era el 2018?

Una de las grandes deficiencias del gobierno actual es la falta de contrapesos, precisamente tema en el cual el menos culpable es el presidente López Obrador. Desconozco si existen aún agentes político que sean contrapesos de relevancia. Tal vez los partidos los tienen muy guardados, o simplemente aún no los han producido. Veo una ausencia de talentos natos. No encuentro al sucesor de Maquío, de Cárdenas o Colosio.

Las redes sociales nos han pintado falsos espejismos acerca de la nueva política. Sin continuidad de proyectos y armonía entre los actores políticos, difícilmente llegaremos a buen puerto. Existen demasiados detractores del gobierno actual que darían todo para que el país no avance por el simple gusto de ver a López Obrador caer, así como López Obrador hizo hasta lo imposible por dificultar el ejercicio del poder de los últimos presidentes.

La guerra político-mediática trasciende justas causas. Seguimos encajonados en una guerra partidista. En una absurda guerra partidista. La distinción partidista debe ir más allá de los colores. Debe recaer en el ideal de país y en el fin último. Ningún partido es malo, simplemente tienen distintas ideas.

Me atrevo a traer a discusión la obra 1984 de George Orwell, un clásico del horror lógico. Ahí existe la distinción entre el capitalismo y socialismo, pero en más de una ocasión Orwell describe aspectos positivos de ambos. En Mexico, sin embargo, vivimos en una constante guerra ideológica sin sentido teórico.

Apuntamos hacia dónde nos indiquen nuestros sesgos, sin antes documentarnos acerca de lo que defendemos. Es como un especie de “carrusel del prejuicio”. Así lo llamaría. Urge que nuestros jóvenes entiendan la gran responsabilidad que representan. Que discutan y se informen de fuentes confiables. Que lean sus temas favoritos y que dialoguen sobre los mismos.

La gran ausencia de nuestros tiempos es la objetividad. Por eso han surgido líderes falsos que son incapaces de hilar tres palabras seguidas o de defender una idea o una causa en común. Lo más preocupante es la incapacidad de no ponerse de acuerdo en nada. Tenemos un gran sentido crítico cuando se trata de buscar las deficiencias y errores de quienes no comulgan con nuestros ideales. Claro está, no sea para ponernos de acuerdo en una agenda en común porque resultaría escandaloso.

Hay mucho talento que intenta sobresalir, pero lamentablemente están siendo retenidos por quienes quieren que las cosas sigan igual. ¡Qué viva la discusión pública! Y mi gratitud y reconocimiento a quienes se atreven a llevarla, civilizadamente, a los espacios ciudadanos.