Los buenos y los malos de una película llamada Democracia

Los buenos y los malos de una película llamada Democracia

4 noviembre, 2019 0 Hugo Sandoval

Opinión / Hugo Sandoval

Nuestro ejemplo más cercano es quien preside el cabildo de Manzanillo, Griselda Martínez: política que llegó al poder por el tsunami llamado AMLO y que día con día decepciona y demuestra que la soberbia es mala consejera. Continuamente declara absurdos, verdades a medias y mentiras completas.

Dicen que la realidad supera a la ficción. Las fábulas, las novelas, los cuentos, las historias que vemos en el cine por muy disparatadas o extrañas que sean, frecuentemente son rebasadas por lo que sucede a diario en cualquier ámbito de lo cotidiano, de la vida diaria. Por ejemplo, los dos personajes que recientemente nos ha presentado el cine y que supuestamente son los malos, como el Joker (o Guasón) y Maléfica, versión de la clásica bruja mala del cuento, conforme se desarrolla la narración cinematográfica nos damos cuenta que más bien son las víctimas y los malos son otros, los que aparentan ser los buenos.

La bruja y la princesa

Para algunos ha resultado traumático el que un cuento que toda la vida ha tenido bien clasificados los personajes, los buenos y los malos, es decir, la bruja, como la mala y el hada o en este caso la reina, como la buena, ahora con esta versión reciente, la bruja mala, es la víctima de quien se hace pasar como alguien con mucha bondad.

Lo anterior viene a cuenta por situaciones que estamos viviendo con algunos personajes de la política, que sin borrar lo malo y corrupto de quienes nos han gobernado por décadas y por algunos años a partir de la alternancia, quienes vinieron a sucederlos para representar o gobernar, por mucho que intenten aparecer como los héroes o los buenos de la historia, la realidad los desmiente continuamente. Su falta de pericia, de capacidad, de habilidad y hasta de oficio político los pone en evidencia como mentirosos, inútiles e incapaces que en momentos causan risa pero también, tristeza, preocupación y decepción.

Nuestro ejemplo más cercano es quien preside el cabildo de Manzanillo, Griselda Martínez: política que llegó al poder por el tsunami llamado AMLO y que día con día decepciona y demuestra que la soberbia es mala consejera. Continuamente declara absurdos, verdades a medias y mentiras completas. Además, utiliza la dirección de Comunicación del Ayuntamiento a su antojo para filtrar información imprecisa que propicia la confrontación.

Griselda Martínez interpreta muy a su manera las reglas y la ley, burlándose y denostando a quienes no le rinden pleitesía o simplemente no piensan como ella. Pero tiene la ventaja de mantener seguidores y defensores a pesar de que más de la mitad de sus promesas de campaña no las ha cumplido y procura eludirlas, ya sea porque no son posibles legalmente o porque choca con los nuevos intereses y compromisos que ha adquirido en su primer año de mandato.

El príncipe y el dragón

Mientras tanto, en el Congreso del Estado, los diputados de Morena no cantan malas rancheras. Ellos también han reculado en sus propósitos anteriores, como el renunciar a lo que reciben para apoyos sociales (y que muy pocos de ellos pueden justificar) o bien, el bajar sus sueldos a la mitad. En pocos meses, el dinero, el poder y la ambición convirtió a quienes realmente no tenían un sustento político o social y que la suerte los puso donde ahora están.

Como ven, los buenos no lo son tanto y los malos siguen siendo malos para desgracia de una población que vivió momentos de esperanza y que poco a poco ha visto cómo esa ilusión se esfuma.

La otra cara de la moneda se presenta en la autoridad de nivel intermedio, en el gobierno estatal, donde la máxima autoridad, Ignacio Peralta, es presentado como un gobernante progresista, de pensamiento moderno y emprendedor, con muchos grados académicos que respaldarían un nivel de excelencia en su gestión. La mala noticia es que todas las virtudes que le adjudican al gobernado Peralta no han tenido el eco necesario para cambiar la historia de terror y miseria, asuntos que se mantienen en continuo crecimiento, pues los hechos delictivos tienen un incremento diario que amenaza en no dejar vivo a ningún residente de cualquiera de las ciudades colimenses. Mientras, en el aspecto económico, la pobreza ya ha hecho casi desaparecer a la clase media y el endeudamiento que pagaremos todos y cada uno de colimenses nativos o por adopción, cada vez es mayor.

Para los manzanillenses, la situación resulta grave, pues son continuos los desencuentros entre la autoridad estatal y la municipal, afectando de manera seria muchos aspectos de la vida económica porteña.

Como ven, nadie es bueno completamente: unos menos que otros y los malos se apegan a su historia y sus costumbres, para desgracia de la mayoría. Y, colorín colorado, este cuento no se ha acabado.