Llamada anónima

Llamada anónima

7 octubre, 2020 0 Martha Gutiérrez

Crónica

Son cuatro las jóvenes vestidas de blanco y en sus manos unas banderitas tricolores y flores. Parecen niñas en su primera comunión. Se acercan a la puerta de un departamento y en el piso colocan sus dones. Se abrazan y murmullan tal vez rezos, quizá comentarios o quejas.

Algunos vecinos las miran un momento y vuelven a sus casas, cerrando puertas y ventanas. Hay algo de misterio y pena. Así se quedan un largo rato. El sol casi del mediodía deja la piel ardorosa, pero las chicas de albos ropajes no hacen nada por cubrirse.

Una mujer se acerca. Las interroga. Con mirada baja una de ellas contesta: “Hoy cumple tres años que asesinaron a Geraldine, éramos sus mejores amigas”. La otra vuelve a la carga, estilo ministerio público, atosigando. Ellas se alejan con desconfianza, abandonando a la indagadora, dejándola con sus preguntas sin respuesta.

El periódico solamente decía: “Una mujer entre veinte o treinta años descubierta en una brecha en El Naranjo muerta con varios disparos. Una llamada anónima alertó a las autoridades. No hubo detenidos y acordonaron la zona”. El periódico no acertó: Geraldine tenía apenas diecinueve años y aparentaba menos. ¿Dónde encontró a estas “mejores amigas”? ¿En preescolar? ¿En la primaria? Porque en la secundaria la reprobaron sus maestras casi desde su ingreso, en desacuerdo con su forma de hablar, de vestir, de desdeñar cualquier tipo de orden. En plena adolescencia.

Pero la vida ya la había reprobado desde su tierna infancia, cuando su madre la dejó con su padre. Tres años tenía la criatura. Apenas hablaba. El hombre era drogadicto y tampoco supo qué hacer con la niña, a quien dejaba encargada con alguna señora que se compadecía, aunque no por mucho tiempo. Cada quien tenía sus propios quehaceres, sus familias. Luego la dejaba encerrada, mientras salía a “trabajar”, a conseguir como fuera algún alimento para su hija y su vicio.

¿Quién consoló a Geraldine en sus miedos? ¿Era suficiente que le dieran de comer? ¿Cómo fue a la escuela, quién le ayudó a estudiar, a prepararse para su soledad y desamparo? Se acostumbró a las malpasadas, a ayunar cuando todavía no tenía fuerzas para salir adelante. Luego, comenzó a crecer, como esas flores del campo, lindas a pesar de todas las inclemencias. Así Geraldine. Allí están las fotos que le encantaba tomarse sola, posar en espejos, presumir su belleza juvenil con la que descubrió no el amor que nunca conoció, sino el deseo en los hombres que la rondaban. Pagaba el favor con su cuerpo, los regalos con halagos y, por supuesto, las drogas que la hacían olvidar su orfandad y el dolor.

¿Quiénes fueron sus mejores amigas? Había en sus videos fiestas con jóvenes, todos parecidos, de mirada perdida, música estridente con la que bailaban, gritaban y se entregaban al júbilo. No tenían a nadie, ni a ellos mismos. Quién sabe si sus familias intentaban “enderezarlos”, o los engendraron por error, sin preocuparse de si vivirían o no. Nadie podrá entender.

Un año antes mataron a su papá. Geraldine lloró a solas, encerrada, sin ninguna mejor amiga, ningún pariente, ningún vecino. Ella lo amaba así como era, con sus ausencias, con sus vicios, con todas sus deficiencias. Nadie sabe que ellos se tenían uno al otro y no podían cambiar su destino. Juntos era lo que se puede llamar felices. Preparaban platillos inventados, revolviendo comestibles y luego se carcajeaban con los resultados; iban a la playa, se desvelaban como dos amigos. Pero no por mucho tiempo. Él se iba y ella ya no se hallaba, y también buscaba en las calles. ¿Qué buscaría?

Un día llegó una mujer a su casa y dijo que era su mamá. No se conocían. Ella se quedó un mes en su departamento al saber que habían matado a su exmarido. Le contó a su hija que se había casado en el extranjero y tenía otras dos niñas. Que no se la podía llevar con ella porque su actual esposo no la aceptaría. Luego se fue.

“Ella sabía a qué se arriesgaba”. Eso comentan. ¿Sabía Geraldine realmente que se exponía a morir asesinada? ¿Buscaba la muerte? Uno de esos días raros en que platicó con un tendero, le dijo que al único que había querido era a su papá y él ya no estaba. Ojalá lo haya encontrado. Ojalá que ahora sea feliz.