La nueva (a)normalidad

La nueva (a)normalidad

2 junio, 2021 0 Hugo Sandoval

La urgencia de regresar a la normalidad ha forzado a una población con serios problemas económicos, laborales y afectivos (entre otros muchos motivos), a relajarse; comportándose como si todo lo que hemos vivido solamente fue una película con un público  masivo que incluía a todos los habitantes del planeta. La paranoia y el temor por contagiarse ha disminuido y con ello hay mucha menos precaución. Los protocolos, la sana distancia y el uso de cubrebocas permanecen en muchos sitios públicos: restaurantes, tiendas de autoservicio y otros establecimientos. Pero en ciertos espacios han pasado a segundo término o desaparecido con la confianza adquirida por el excesivo uso de la información, que a estas altura ya aburre (dicen algunos), de cómo presumen que tenían razón quienes dicen que la plaga no existe, que todo es una simulación, o de cómo ha ido avanzando la vacunación, con todas las molestias que ha ocasionado, las aglomeraciones, el desorden, la casi nula aplicación de un sistema eficiente para los que ya obtuvieron o están por obtener la vacuna no padezcan largas filas, sed, calor, etc., además de las implicaciones electoreras que se han utilizado, pero que en muchos casos no han tenido efectividad por la escasa capacidad de quienes deben ejercerla. Todo parece una comedia, una función de carpa con toda clase de personajes que rebasan, por mucho, la ficción.

Vemos cómo poco a poco se va regresando a la normalidad, con un ingrediente visible extra: los cubreboca. Las calles están nutridas de automóviles y toda clase de vehículos y peatones. En Manzanillo los visitantes continúan llegando, incluyendo a quienes vienen con la impaciencia de meterse a las playas y no entienden, de manera irresponsable, que los avisos de que hay mar de fondo, o que hay fuertes corrientes y oleaje peligroso no son solamente un adorno en la playa. Algunos terminan ahogados, o delicados de salud, y poniendo en peligro a los guardavidas o a quien se aventura a tratar de salvar al insensato que no le tiene respeto al mar.

Una situación que no se puede dejar de tomar en cuenta es el circo electoral, que de manera voluntaria o no, nos envuelve. Tal vez no son las multitudes de acarreados del pasado, pero sí reuniones, mítines y actos de campaña con muchas personas arropando a su candidato, o acudiendo con la esperanza de conseguir aunque sea una torta para salvar el día. Dichos eventos tienen la pretensión de enseñar a quien quiere gobernar o representar a un sector de la población, repitiendo un discurso que no del todo tiene promesas que se vayan a cumplir, pero que adornan una ilusión que no pronto terminara en desencanto. No olvidemos que las campañas políticas electorales tienen como finalidad hacer que todo en este mundo parezca simple, apegarse a ciertos temas que deben ser seductores y hacer quedar mal al oponente. Nos hacen hasta fingir que somos normales, eludiendo la pregunta de si lo normal existe o qué es.

Afortunadamente, a estas alturas ya se cumplió el tiempo de esa carrera irracional y despiadada, sumergidos, ahora, en las descalificaciones, las acusaciones y el intento de hacer caer al enemigo por saltarse alguna regla. O de manera inédita, que quien manda y tiene facultades, invalide una elección costosa, complicada y determinante para mantener y continuar el rosario de dislates que hemos padecido los últimos tres años.

La información fluye, nos dicen que los jóvenes regresarán a clases presenciales el próximo mes de agosto, pero los semáforos indicadores de la supuesta situación del peligro de contagio del mal que nos acosa, nos enferma y nos mata, parecen arbolitos de navidad que se prenden y se apagan, cambiando de color a su antojo. 

En varios países de Europa y Oriente, se habla oficialmente de una segunda ola. En México parece que oficialmente no hemos rebasado la primera ola, aunque ya vayamos por la segunda o tercer etapa. Pero los contagios y las defunciones se siguen sucediendo, en menor proporción pero permanecen. Muchos no lo recuerdan, otros lo extrañan y algunos nunca supieron que existió un vocero especial para la pandemia, que hablaba de consecuencias y ofrecía consejos para el hogar (consejos que de tarde en tarde cambiaban de sentido). Los planes del rockstar pandémico del gabinete parece que no le resultaron y algo no le cayó en gracia a su defensor, entre otras cosas, pero ha perdido la atención de quien el ilusionado funcionario pensó que conformaría el inicio de su capital político. 

Pienso yo y otros compañeros de viaje en este universo, que aunque cada vez más realicemos acciones de un pasado cercano, no todo ha cambiado. Nos cuidamos un poco más, hemos adquirido nuevos o diferentes hábitos de limpieza y evitamos eventos innecesarios, pero algo incómodo permanece.