La niebla crece dentro del cuerpo; poesía como develación

La niebla crece dentro del cuerpo; poesía como develación

27 octubre, 2019 0 Sugey Navarro

Sugey Navarro escribe sobre el más reciente poemario de Nadia Contreras, La niebla crece dentro del cuerpo, publicado por la editorial colimense PuertAbierta Editores.

No obstante que en la primera página nos entrega la definición de Glaucoma, como llave a partir de la que podremos acceder al texto, la puerta comienza a abrirse ante la habitación en que nos espera la bruma con el primer poema:

A medida

que aumenta la presión,

los días se ahuecan,

los colores comienzan a morir

y el frío,

el calor,

lo liso o lo rugoso.

Palpar

el nuevo

alfabeto.

Es así que mientras La niebla crece dentro del cuerpo a lo largo del poemario, los términos médicos que pretendemos mantener ocultos y distantes, van siendo develados ante nuestra mirada. La poeta, disecciona el mal que aquejará al ojo, y resulta imposible no recordar Operación del cuerpo enfermo de Sergio Loo, su introspección apoyada en partes del cuerpo y nombres de padecimientos a los que se vio acercado en la agonía que lo llevara a la muerte.

Nadia Contreras nos lleva de la mano, al borde de la neblina que comienza a invadir el cuarto al abrir el poemario; la niebla no nos devora, sin embargo, sentimos cómo sus filosos bordes nos rozan todo el tiempo. Nos cubre los ojos con un velo que solo podremos retirar al avanzar en la lectura, haciendo del conocimiento una liberación. Es imposible huir del ataque si se desconoce al adversario. Entonces, conocimiento es poder, plan de acción, táctica de guerra.

Lo que no se nombra, no existe y solemos tratar los temas médicos con la misma lejanía con que un supersticioso habla de escaleras y gatos negros. Nadia toma esa caja con todo lo que no se ha querido escuchar, con el miedo a lo desconocido, la valentía de quien se ha tenido que enfrentar a la noticia que el doctor habrá de dar con suavidad y certeza; el diagnóstico. De Líquido interior del ojo o la aniquilación de los primeros síntomas:

De aquí

en adelante

día tras día

la blancura

consumirá

el alrededor

de las luces brillantes.

Ella parece tener las fotografías de los pacientes con sus historias distintas a pesar de la similitud de la niebla, del verde suave que comienza a envolver la vista de cada uno de ellos y apartarlos de la realidad como la conocían. De los testimonios:

La realidad

es un tronco hueco

o si se quiere,

la escarcha

como un horizonte de luz;

la escritura

cada vez más imprecisa

Es así que, a través del lenguaje de la poesía, de las imágenes que se volverán canto, pone al centro de la mesa, asuntos que parecían olvidados no porque carezcan de importancia, sino tal vez, por el temor a la revelación. Y no tiene miedo de decir La noche es una astilla de niebla, la fiebre tiene el olor a pájaro muerto o a describirnos cuando El cuerpo cae y choca como cualquier otro en el piso.

La autora Nadia Contreras (1976) originaria de Quesería, Colima, escritora, académica y tallerista, promueve la poesía y en general, la literatura a través de recursos digitales escribiendo para diferentes medios nacionales y extranjeros, especialmente por conducto de la Revista Literaria Digital Bitácora de Vuelos (y casa editorial del mismo nombre), de la cual es fundadora y directora. Arduas labores que no le impiden continuar con su producción poética, dentro de los cuales destacan los más recientes libros: Caleidoscopio (Dirección Municipal de Cultura Torreón, 2013), Visiones de la patria muerta (Ed. El humo, Col. Ojo Cautivo, 2014), Cumplimiento de la voluntad (Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Coahuila, Colección Arena de Poesía, 2014), Un viento [que] jamás. Urdimbre de cuerpos y palabras (en coautoría con Marisol Vera Guerra (Ediciones BV, octubre 2015); Quedará el vacío (Pinos Alados Ediciones, 2017) y Solo sentir (Editorial Paraíso perdido, 2017). Actividades que la han hecho merecedora de diversos reconocimientos en el ámbito literario, así como de la presea Griselda Álvarez Ponce de León, máximo galardón que el estado puede entregar a una mujer, otorgado por el congreso del Estado de Colima, en 2014.

Con La niebla crece dentro del cuerpo amplía la diversidad de la estirpe a la cual pertenece, al ser un libro que se incorpora a la colección Parota de Sal, fundamental para conocer la poesía colimense. Nos coloca dentro de los zapatos y más, dentro de los mismísimos ojos del otro; cada poema es una capa tan delgada y transparente como la córnea, cuya nitidez contrasta con la densidad con que se entrelazan las historias en esta obra poética. Somos nosotros quienes vamos perdiendo la vista para entregarnos al sonido hecho palabra en pluma de la poeta Nadia Contreras… para hurgar en el recuerdo de otros sentidos:

Dice que el olfato es como salir de una alucinación para entrar a otra. No hay un escalón que se recorre hasta el punto más bajo de un sitio, como cuando Sabines decía del amor, que es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón. No hay caída, nos lleva de una habitación a otra, como el glaucoma fue llevando a Nubia con veintiocho años, de un sentido a otro para volver a experimentar al mundo. ¿No es acaso la poesía como la enfermedad, siempre una nueva forma de leer las cosas?

Y bastan unos cuantos versos para contener la historia, que no por su sutileza son menos profundos. Va de la concepción de la enfermedad, pasa por el padre y otros testimonios, hasta la vida y últimas memorias de George Sand. Los versos se van volviendo prosa y en su ensanchamiento, viene también la desesperación, las obstrucciones que nublarán nuestra propia mirada.

El pulso de las palabras en la historia de George Sand, remite a la misma poesía y provoca preguntar ¿qué utilidad tiene la poesía, sino la de ser punto de partida y al tiempo, faro que guíe la llegada? La poesía es también eslabón, conducto; palabra la roca que pule el poeta para entregar algo que sea difícil perder en la memoria: mira a través de otros ojos vencidos por la angustia. Escribe el problema, busca la verdad y esencia de las cosas; inmortaliza, y arroja como si sus palabras fueran llaves que han de guardarse para la puerta que en su momento se disponga a ser abierta. La poesía es también ir de la vista, el olfato, el tacto, hasta el oído a través del que irremediablemente llega el poema, aunque este sea leído en silencio, en la voz más baja:

LLENARSE DE COLORES OSCUROS, sajaduras, vendas y gasas. Hay, sobre los ojos de la mañana, una nueva resurrección, la posibilidad de otro juego, de otra prisión abierta día y noche. Pero no descorras la cortina. La esperanza más viva comienza entre las sábanas manchadas con sudor y sangre.

Dirá también:

EN LA TARDE del día 7, George Sand se despidió de Maurice, de Lina y de Lolo (la pequeña Aurore). Insistió en que la lavaran. El grito se volvió silencio. Aquel «armiño» de mujer (según la calificaba Harrisse) tenía obsesión por la blancura. ¿La blancura quiebra el espanto de la muerte? Un poco más tarde, reclamó la comida: «Tengo hambre», dijo, aunque luego no probó bocado. Y algo después, murmuró: «Permitid la vegetación». Unas palabras sumamente enigmáticas que darían lugar a infinitas interpretaciones.

Como Saramago cuenta a través de su Ensayo: …la ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza. Pero este libro permite la vegetación y la esperanza; con su cercanía a los temas de los que pocos hablan, se vuelve una luz en medio de la niebla.

*Fotografía de Juan Carlos Recinos. De izquierda a derecha, Sugey Navarro y Nadia Contreras.