La manzanillense “moda” de morir asesinado

La manzanillense “moda” de morir asesinado

30 julio, 2019 0 Hugo Sandoval

Los anuncios de nuevas estrategias, de la inversión en equipos y tecnología para frenar la delincuencia, no han dado muchos resultados, Colima ocupa los primeros lugares, a nivel nacional, en hechos delictivos, que incluyen robos a casas de habitación, asaltos, extorsiones y múltiples asesinatos diarios.

Opinión

Cualquiera de los casi dos mil quinientos alcaldes que hay en nuestro país, o alguno de los gobernadores, dirán que la inseguridad y la delincuencia no es exclusivo de los lugares que gobiernan, sino que es un calvario que padece todo México, con algunas escasas excepciones.

Tienen razón, pero eso no excluye su responsabilidad de tratar, al menos, de bajar los índices delictivos que se viven a diario, aún con las limitantes legales y económicas que se tienen.

Las respuestas que se tienen por parte de los gobernantes a las demandas de la población para que cese la inseguridad, no son esperanzadoras. Por ejemplo, nuestra alcaldesa llegó a declarar que los continuos asesinatos que se cometen en Manzanillo, son una moda y que igual a la moda de los cristalazos en los automóviles, la “moda” de morirse asesinado un día llegará a su fin. Sin embargo, parece que dicha “moda” ha tenido mucho éxito porque no solo se mantiene, sino que ha aumentado. La señora alcaldesa porteña también ha llegado a señalar que en algunos casos, los muertos andaban en malos pasos, lo que podría interpretarse como que están mejor muertos que vivos, al cabo son delincuentes.

La indiferencia que ha habido sobre el tema podría haberse acabado, por el atentado a la alcaldesa ocurrido en días pasados y después del cual, las autoridades estatales y federales han dispuesto establecer otras estrategias para combatir la inseguridad.

Reitero, la participación de la autoridad municipal tiene sus limitaciones, pero no queda exenta de hacer lo que le corresponde, sin que se delegue todo al gobierno estatal y al federal.

En lo referente al Gobierno del Estado, las respuestas han ido de lo ridículo a lo gracioso y hasta burlesco. Primero decían que las muertes eran exclusivas de una guerra entre bandos contrarios, peleándose el territorio y que las víctimas no eran de Colima, incluso llegaron a señalar que a algunos los mataban en Jalisco y los venían a “tirar” a nuestro estado. Hoy en día, son muchas las familias colimenses que están sufriendo la pérdida de algún familiar por hechos violentos, o bien algún vecino, amigo o conocido que ha sido afectado por la inseguridad. Los anuncios de nuevas estrategias, de la inversión en equipos y tecnología para frenar la delincuencia, no han dado muchos resultados, Colima ocupa los primeros lugares, a nivel nacional, en hechos delictivos, que incluyen robos a casas de habitación, asaltos, extorsiones y múltiples asesinatos diarios.

Mientras tanto, la reacción del Gobierno Federal, en principio ha sido la creación de la Guardia Nacional, que pareciera un híbrido compuesto por elementos de la marina, del ejército y de algunas corporaciones policiacas. Para algunos la Guardia Nacional es una ocurrencia que no asegura la pacificación del país, para otros era una necesidad urgente, pero hasta ahora en su proceso de puesta en operación no puede medirse aún su eficacia. Lo que sí ha generado esta nueva fuerza, es la modificación de la ley, además del descontento de elementos de la Policía Federal, a quienes por cierto, se les ha acusado de corruptos.

Uno de los compromisos del Presidente durante su campaña, fue disminuir la inseguridad, pacificar a México, acabar con la corrupción y la impunidad en pocos meses, pero las cifras actuales nos dicen otra cosa, es decir, “tenemos otros datos”, más bien hay un aumento de hechos delictivos que parecieran como un reto a la autoridad por parte de los delincuentes.

Comprobado está que promover la educación, la cultura y el deporte, ayudan en mucho que los jóvenes no opten por opciones negativas, pero la política que hasta ahora se ha privilegiado, es la de apoyar económicamente a ninis y desempleados, con cantidades que resultan ridículas frente a lo que ofrece el delinquir. La formación y la educación de los jóvenes deben ser tomadas en cuenta como algo prioritario y no sacar provecho político o beneficiar a algunos, dándole permanencia a la corrupción y a la impunidad.