La gran fiesta de los sentidos: cocina, comida y  música

La gran fiesta de los sentidos: cocina, comida y música

12 agosto, 2019 0 Ramón Madrigal

“El músico y el cocinero tienen una necesidad de expresar sentimientos, ambos son artistas y los artistas necesitan poner el arte al alcance de todos, y no lo hacen para ser admirados, sino para saciar su propia alma.”

Puedo asegurar rotundamente que comer, cocinar y escuchar música son la unión perfecta de emociones. Personalmente, creo que cuando diseño un plato estoy interpretando sonidos melodiosos que alguna ves escuché mientras olía, veía o probaba un platillo. Y es que la vida consta de esos momentos especiales y nada más. El músico y el cocinero tienen una necesidad de expresar sentimientos, ambos son artistas y los artistas necesitan poner el arte al alcance de todos, y no lo hacen para ser admirados, sino para saciar su propia alma.

La música es consumida por los oídos, pero también por el gusto y en ocasiones por la vista. Por su lado, los alimentos e ingredientes son silenciosos. Un chef entonces debe realizar un trabajo mayor para que un buen plato, elaborado con esos mudos ingredientes, provoque en los comensales un deleite para los cinco sentidos, no sólo para el gusto.

Si de maridajes hablamos, me atrevo a decir que la música y la comida son el uno para el otro, y tal vez pueden llegar a ser el maridaje perfecto también con el vino. Mi recomendación para un gourmet es que un platillo sea ingerido en compañía de una excelente pieza musical. Y si no hay buena música lo mejor será el silencio, para no dañar el vals que nace entre el comensal y el platillo.

Para un chef, cada platillo es una emoción, y cada buena pieza musical puede inspirar a preparar un platillo. Así como el compositor escribe nota y crea ritmos, el cocinero también crea ritmos en el paladar con sabores, olores y el sazón. Un cocinero es la representación misma de la dualidad entre comida y ritmo comestible en cada plato. Cada plato es expresado con líneas, altura, colores temperaturas y un ritmo. Ese ritmo que no se escucha y aún así te hace bailar los ojos, las manos, la lengua y todo el cuerpo. Un plato es una canción que el alma escribe. Los sartenes y fogones tocan para que el cocinero pueda poner el baile en el plato. El comensal sería, en este caso, la pareja de baile.

Ahora bien, el lenguaje literal entre quien cocina y quien compone música es diferente, tal vez hasta opuesto, pero los une la fuerte relación de contar con el mismo fin, que no es otro que dar emociones, crear momentos y restaurar sentimientos.

Es indudable que todo chef necesita escuchar música. En lo personal, cuando estoy cocinando, muchas veces necesito estar en un estado de soledad y tener música de gusto culposo para sabotear mis instintos y sacar lo que realmente soy como cocinero, para poner en un plato lo que necesito decirle al gourmet. Otras veces necesito un ritmo de guitarras, saxofones o violines para servir un plato que sólo le hace falta pista.

Alguno se se preguntan si es aconsejable que un comensal deguste un platillo mientras escucha una pieza musical. Es posible. Probablemente muchos restaurantes tienen música adecuada para los alimentos que sirven, y eso es complementar un servicio. Pero también creo que, en otros casos, se desperdicia un buen concierto por un buen bocado o un buen bocado por una buena nota, esto hablando de música en vivo.

Lo mejor para un restaurante es tener sólo música de fondo, acordé al momento. Y por otra parte disfrutar de un concierto con la mayor atención posible, ya que muchas veces lo esencial está por fuera del alcance de los oídos.

Esto quiere decir que tú, como comensal, también debes prestar la atención adecuada a un plato, de lo contrario no escucharás o contemplarás lo que el cocinero quiso interpretar para ti.

Cada bocado y cada nota requieren de una atención única y especial para ser entendidas y digeridas. De nada sirve comer un bocado a prisa. Comer así sería desperdiciar la riqueza que encierra el plato puesto en tu mesa. Así, del mismo modo, no poner atención a una melodía es una falta de respeto a la composición.