La crítica en tiempos de fanatismo político

La crítica en tiempos de fanatismo político

10 septiembre, 2020 0 Hugo Sandoval

Hasta hace unos años, en nuestro país se podía hablar mal de todo o de quien sea, menos de tres temas que eran intocables: El ejército, la Virgen de Guadalupe y el Presidente de la República. En la actualidad dicha prohibición supuestamente no existe. Digo supuestamente porque, en cuanto al ejército (en el que se incluye a la Marina), prevalece el respeto y la admiración de algunos sectores de la población. Se les critica, pero no se les falta al respeto, ni se les menosprecia.

El caso de la Virgen de Guadalupe se mantiene sin mucho cambio, el fervor y el respeto prevalecen. Quien extrañaría ese pasado absoluto sería el Presidente de la República, pues públicamente es motivo de críticas, de burlas, de desaprobación manifiesta; pero también de admiración, de reconocimiento y hasta agradecimiento. Además, claro, de una defensa enfermiza por parte de fanáticos, creyentes de un cambio que está lejos de lograrse.

En cualquiera de los tres temas, cuando los comentarios no son positivos, los ánimos se encienden. El fanatismo se hace presente y la situación que se da, llega a convertirse en un monstruo de muchas cabezas en defensa de la institución que interesa, sin tomar en cuenta que la unanimidad de pensamiento es imposible. Siempre debemos ser precavidos si vamos a comentar sobre política, religión o deportes. Sobre todo si no estamos entre personas cercanas a quienes conocemos o creemos saber cómo piensan, a quién defienden o a qué se oponen.

Las circunstancias que hoy vivimos, con una intolerancia constante a la libertad de pensar, o de decir lo que se quiera o se sienta, nos acerca de manera peligrosa a una censura trasnochada, a destiempo, pero con herramientas y tecnología de última generación. Cualquier crítica o desacuerdo que tenga que ver con el Soberano Tropical, provoca un alud de protestas, de ataques, de desmentidos, de comparaciones con el pasado sexenal.

Disentir con Su Majestad idolatrada es denigrante, y los treinta millones de electores que elevaron a Andrés Manuela a Jefe Supremo, y que hoy pueden ser unos cuantos millones menos que ya no son defensores encarnizados (por las decepciones o incumplimientos constantes), están listos para reaccionar y replicar cualquier crítica, incluso con argumentos ridículos, repetitivos y gastados.

También se utilizan los bots, siempre presentes en las redes sociales, programados para contradecir en automático lo que no coincida con lo que muchos creen ciegamente -a pesar de los desatinos, de las incongruencias y ocurrencias mañaneras-, de todo lo que solamente en palabras es prohibido y que han copiado y hasta mejorado de sus antecesores. O acciones que solo sirven de distracción para ocultar la incapacidad de gobernar un país que se orilla cada vez más al caos, o bien para simular que lo que tienen pende de un hilo, cuando en realidad cada vez tienen más asegurada su permanencia en el poder, mientras no se forme una verdadera oposición.

A estas alturas, tanto funcionarios como empresarios poco se atreven a poner en duda los planteamientos del líder máximo, y quien lo hace se expone al repudio, a ciertas prohibiciones. Y si acaso ocupa algún cargo público, de cualquier nivel, puede pensar en su despido inmediato por “motivos de salud”.

En cuanto a los medios, solamente hay dos categorías, los que están a favor o los que están en contra, no hay medias tintas. Si acaso sobrenombre que se les endilga, como periódico conservador, neoliberal, prensa fifí o chayotera. Y, por supuesto, olvidando que los medios tienen una función esencial para mantener informada a la población, sin que se tenga la obligación de alinearse o de ensalzar a quien gobierna.

Volvemos al pasado, o permanecemos en él. Prohibido hablar mal del Ejército, de la Virgen de Guadalupe y de la figura presidencial, siendo esto último muy peligroso, pues quien lo haga se expone a enfrentar la ira irracional de los defensores oficiosos de esta era chaira.