Filtro de calidad

Filtro de calidad

28 mayo, 2019 0 Carlos de la Peña

Opinión

Política no es limpiar calles, regalar juguetes u organizar fiestas. Si bien son acciones benéficas para la sociedad, no es lo que corresponde al quehacer político en la práctica, eso corresponde a la sociedad civil e iniciativa privada.

La política colimense suele ser muy característica. En ocasiones dura. Tenemos un sinfín de episodios que sin duda alguna han marcado la memoria histórica de nuestro Estado, desde mascaras de luchador en un debate hasta inicios de campaña bajo una regadera. Sin el afán de sonar amargado, considero que debemos velar por la seriedad.

¿Por qué velar por la seriedad? Me parece que la política lo amerita. Algo tan importante para la sociedad debe ser tomado con gran responsabilidad. Sin ocurrencias. Entiendo que en ocasiones las campañas buscan ese rol mediático que el candidato por sí solo es incapaz de aportar, pero caer en lo ridículo debe ser tema de los comediantes, no de los políticos.

Se critica mucho al PRI con sus viejas liturgias, todos alineados porque si no “no salían en la foto”. Esas formas ásperas, institucionales y rígidas por lo menos le daban un toque un tanto formal al desempeño de la labor pública. Hoy en día nos acercamos cada vez más a un circo. A una competencia por seguidores y likes en redes sociales. Cualquiera con un teléfono y las ultimas tendencias en redes comienza a hacer “política”. No critico la innovación e ingenio de los viejos y nuevos cuadros. Simplemente me parece que deben de tener forma y fondo, y un poco de seriedad.

Un gobernante es algo sumamente trascendental para la vida de millones de personas. En nuestro caso, cientos de miles. Habrá que poner la vara muy alta para quien quiera aspirar a puestos de elección popular en un futuro, especialmente los jóvenes que dicen ser la nueva generación. Recordemos que ser joven no es sinónimo de capacidad. Hoy en día está muy tergiversado y bastante discutido el lugar de los jóvenes en la sociedad, y específicamente, en la política. Creo que, por lo menos en Colima, quien ha contendido por un cargo de elección popular menor a 25 años no ha sido trascendente. Dejar de ser “luchadores de redes sociales” podría ser un buen primer paso.

La ciudadania no tiene la culpa de que políticos sin la mas mínima capacidad sean registrados en la boleta. De hecho, la ponen en una situación incomoda y terminan optando por “el menos peor”. El punto medular está en la creación de nuevos cuadros con identidad, ideología, seguridad y capacidad, independientemente del partido al que representen, ya que, a mi parecer, todos los partidos tienen ideas positivas. La cosa es buscarle y recordar siempre el fin último de la política: el bien común. El odio y desprecio entre integrantes de distintos partidos políticos es muy bajo, y hasta cierto punto, negligente.

Lo hemos dicho en este espacio, y lo seguiremos haciendo: política no es limpiar calles, regalar juguetes u organizar fiestas. Si bien son acciones benéficas para la sociedad, no es lo que corresponde al quehacer político en la práctica, eso corresponde a la sociedad civil e iniciativa privada. El político debe implementar políticas públicas para que dichas acciones sean realizadas, o en su caso, erradicar sus causas de fondo. Una sociedad civil limpia calles debido a que, evidentemente, el ayuntamiento no es capaz de mantenerlas en orden. Simple causa-efecto. Lo demás, demagogia pura con tintes de “responsabilidad civil”. Por más crudo que suene.

Así, por ejemplo, ante una eventual situación, x o y candidato a la presidencia municipal deberá de trabajar en conjunto con un cabildo en el que habrá integrantes que no sean de su partido. He ahí un simple, básico y llano ejemplo en lo innecesaria que es la distinción partidista. Si bien tienen agendas distintas, tendrán que dialogarlas y debatirlas en algún momento. Por el bien de Colima, ájala se eleve el filtro de calidad de los candidatos en las próximas elecciones. Que no sea cualquiera.