En peligro de extinción

En peligro de extinción

12 julio, 2019 0 Martha Gutiérrez

Simplemente cantinas. Como aquí en Manzanillo eran “Le Cantiné”, “Los Equipales”, “El Rincón de Juan”, “El Palmar” , “La Paloma Negra”, “El Cielo Rojo” y otros que escapan a la memoria.

Hace muchos años, un presidente municipal y sobresaliente político cerró la zona roja del puerto de Manzanillo. No sé si hubo desastres por dicha decisión. Cuando recuerdan aquélla situación solamente mencionan que la gente enfilaba rumbo a Cihuatlán (una población vecina del estado de Jalisco) en busca de felicidad. Parece que estuvo clausurada durante un año y después volvió la vida a la normalidad.

Ahora que ya no existe dicho espacio recreativo el universo sigue igual; comentan que la prostitución invadió varios sectores, que ya no pueden regular ni controlar a quienes trabajan ejerciendo el oficio más antiguo del mundo, los hospitales no tienen el registro de salud y además, se quejan, ya no es buen negocio.

Eso es lo de menos. No es tema para terminar inmersos en una problemática que nadie va a solucionar. No. El título corresponde a la llamada de auxilio por la desaparición indiscriminada de las cantinas en el centro del Puerto. No es posible que los habitantes porteños no puedan disfrutar de una cerveza, un tequilita o una bebida de las que no embriagan tanto frente al muelle, observando el hermoso atardecer, admirando el último rayo sobre la marina.

Todo se esfuma, como la tranquilidad, la seguridad y la juventud; se evapora como el oleaje que besa la playa; se aleja como las ilusiones. Así se siente cada cambio de giro comercial en donde antes eran florecientes negocios llenos de amigos, de risas, de aromas ácidos y aire enrarecido y ahora son fondas de comida corrida.

Además de estas irreparables pérdidas, resulta que en otras ciudades, entre ellas la capital del estado de Colima, las presumen y se regodean en las visitas consuetudinarias de los burócratas, de los que trabajan hasta la hora exacta en que la lengua seca y cuerpo pegajoso exige un tratamiento reconstituyente. En la radio se comentan las citas al “Taurino”, por mencionar una, porque allí mismo dijeron cinco o seis de las más antiguas cantinas, que no bares, que no tabernas. Simplemente cantinas. Como aquí en Manzanillo eran “Le Cantiné”, “Los Equipales”, “El Rincón de Juan”, “El Palmar” , “La Paloma Negra”, “El Cielo Rojo” y otros que escapan a la memoria.

En Manzanillo, el Bar Social se reabrió recientemente. Ese emblemático espacio donde la música bohemia, los cantantes improvisados y la venta de rifas de pollos asados se enredaban con el humo del cigarro, con los gritos de los asistentes saludando desde las mesas a los amigos y conocidos; la imagen constante de Miguel Berra limpiando con la franela el agua de los vasos que sudaban el hielo sobre el granito de la barra y las fotografías de algunos políticos entonando la caminera y sobre todo la impresionante pericia de su progenitor maniobrando la bicicleta en el redondo mostrador. Ya no es el mismo, como nada resurge de las cenizas, como no se olvida nunca, jamás el pasado.

*Fotografía del Bar Social de Fidel Estrella.