El vestido nuevo de la alcaldesa de Manzanillo  || Hugo Sandoval

El vestido nuevo de la alcaldesa de Manzanillo || Hugo Sandoval

11 diciembre, 2020 0 Hugo Sandoval

Había una vez un país donde, además de todas las celebraciones religiosas o patrióticas con sus respectivos días de asueto, existía una más, muy especial: el día del informe de gobierno. El día del Presidente. Cada primero de septiembre, un acto protocolario se convertía en un día sagrado nacional. Por supuesto, no se trabajaba. Se suspendían clases. Las ciudades se paralizaban.

Todo mundo permanecía atento a la transmisión por radio y televisión de lo que sucedía en la capital del país: la salida del ejecutivo de la residencia oficial de Los Pinos, el discurso y la reseña de los asistentes e invitados especiales, la salida triunfal de la sede del Congreso, el recorrido por las calles del centro de la capital tapizadas con trozos de papel de colores y un automóvil descapotable con el héroe en turno que saludaba a los curiosos y que (como en el cuento “El traje nuevo del emperador” de Christian Andersen), veían a un soberano que iba desnudo. Y nadie se atrevía a decírselo.

Son inolvidables los incendiarios discursos de Luis Echeverría con tintes socialistas, muy de moda en su época. O las fabulosas piezas de oratoria e histrionismo de José López Portillo, quien cautivó a muchos con su llanto y el manejo admirable del idioma para decir medias verdades y mentiras completas. Pero el parteaguas del principio del final de tan fastuosa celebración, quedó marcado con la histórica e insólita actuación del entonces diputado Porfirio Muñoz Ledo, quien tuvo la osadía de contradecir e interrumpir a gritos al presidente Miguel de la Madrid mientras éste leía su informe.

De entonces a la fecha se vio disminuido dicho acto hasta quedar casi nulificado. En la actualidad, el día del informe presidencial cambió de nombre y formato, para llamarse “La mañanera”. Lo que no ha sido erradicado es el besamanos que protagonizan miembros del gabinete, amigos y políticos afines.

La costumbre hizo que gobernadores, alcaldes y diputados locales llevaran a cabo su festejo propio. Y aunque cada vez se da menos, aún persiste esa práctica con algunos casos de lucimiento patético y el deseado culto a la personalidad. El país sigue igual en muchos aspectos. Por si lo dudan, hace unos días la alcaldesa de Manzanillo, Griselda Martínez, hizo su arranque de campaña simulando la entrega del informe de su segundo año de gobierno. Esto, en un evento desproporcionado y contrario a la (invocada hasta el cansancio) austeridad republicana; además de una total falta de prudencia y prevención sanitaria.

Primero, desde un día antes del mamotreto, se cerró la principal vialidad de acceso al centro de la ciudad, impidiéndose el paso a quienes acuden de manera regular a realizar compras, trámites bancarios o simplemente ir a sus hogares. El propio día del informe se montó, al pie del monumento del pez vela, un escenario como en los mejores tiempos neoliberales, como dicen los actuales gobernantes. También se realizó un impresionante despliegue policial para velar la seguridad de la alcaldesa. Durante el evento se vieron agentes del orden fuertemente armados, apostados en lo alto de los edificios aledaños, a modo de francotiradores.

No faltaron los invitados especiales, como en el pasado aborrecido, y la concurrencia estuvo conformada principalmente por burócratas municipales. No se sabe a ciencia cierta cuántos asistieron voluntariamente y cuántos fueron acarreados con presiones laborales. En cualquier caso, todos lucían playeras con la efigie de la alcaldesa-precandidata.

El discurso no fue nada novedoso. El auto-elogio y la crítica redundante a todo lo anterior culminó con una frase para inscribirse en una antología de la desfachatez, y que Griselda Martínez cree sin dudar: “Soy la mejor Presidenta Municipal que ha tenido en toda su historia Manzanillo”

Claro que las finanzas sanas, que bien presumen, permiten el gasto para echar la casa por la ventana. En contraste con el año anterior, que se abrevió el asunto entregando el documento al cabildo sin ninguna frivolidad o festejo; pero en ese entonces no eran tiempos electorales. Se transparente o no el costo del circo que se montó este año, es evidente que no debe ser poco dinero el gastado y que bien pudo tener una mejor utilidad.

Estos tiempos de Morena en nada se diferencian con los del PRI o los del PAN. Pero ahora, los gobernantes y legisladores morenistas se cubren con un manto de honestidad incorruptible que en la práctica, ya lo estamos viendo, nunca ha sido real.