El espacio que ocupa una persona al desaparecer

El espacio que ocupa una persona al desaparecer

12 junio, 2019 0 Avelino Gómez

En algún lado están. ¿Vivos? ¿Muertos? No se sabe, pero en algún lado deben estar. Porque ¿cómo alguien, con su hermoso cuerpo, con su risa perpetua y con su voz resonante puede desaparecer? ¿Qué significa desaparecer?

Opinión

Cuando una persona desaparece deja sonidos, voces que siguen resonando en las personas que las buscan. A veces, quizás por breves momentos, las voces se magnifican. Otra veces son apenas un murmullo imperceptible, pero siempre latente, dolorosamente latente. En el estado de Colima se tiene el registro de más de 600 desparecidos (mujeres, niños, hombres, hermanos, madres, tíos, amigos, padres, hijos). Es probable que sean más.

A nivel nacional, las cifra se multiplica de forma horrorosa: más de 40 mil personas cuyo destino es incierto. Son también cuarenta mil familias que buscan, preguntan, protestan y no se resignan a la idea de que la persona amada y su cuerpo se esfume como una voluta de humo.

En algún lado están. ¿Vivos? ¿Muertos? No se sabe, pero en algún lado deben estar. Porque ¿cómo alguien, con su hermoso cuerpo, con su risa perpetua y con su voz resonante puede desaparecer? ¿Qué significa desaparecer? ¿Qué acto inhumano encierra el hecho de que alguien decida que los demás ya no podamos ver ni saber nada de una persona?

Pero la esperanza de encontrar a un desaparecido es, la hemos visto, la más tangible y concreta de todas las esperanzas. Por eso vemos a grupos de mujeres, con una fortaleza enorme, recorriendo el monte, reclamándole a la tierra los cuerpos que yacen en fosas clandestina. Por eso vemos a familiares y amigos recorriendo la ciudad para pegar en las paredes (o entregar a otras manos) un volante con la foto y los datos de quien un día ya no se volvió a ver.

Por eso conocemos a gente excepcional que, lejos de resignarse a andar a ciegas en una realidad como esta, adquiere fortaleza humana y solidaria para acompañar a otros en su proceso de búsqueda. Así pues, alguien en Colima, una mujer llamada María, se convirtió en activista social para darle presencia a esos más de 600 rostros de personas desaparecidas.

Ella también busca a alguien. Y a través de una página en redes sociales llamada Desaparecidos En Colima, desde hace diez meses da a conocer, busca, reporta y comparte la información que se va generando con la desaparición o el hallazgo de una persona. Es probable que María nunca supiera de esa fortaleza que ahora demuestra. Pero lo que sí sabe ahora es que no está sola, que no puede estar sola. Con ella, y su iniciativa y su trabajo diario, están otras tantas personas.

También en Colima un puñado de reporteros y periodistas evitan, con sus publicaciones, que el asunto de las desapariciones sea minimizado entre el caudal de información política que los medios generan. Una de ellas es Heidi de León (Diario Avanzada). Nada menos ayer (11/06/19), Heidi publicó el testimonio de la madre de Kelsy Naomi Castañeda Córdova, una niña desaparecida hace más de dos años en Tecomán, un municipio costero de Colima. La desaparición de la niña generó, en su momento, movilizaciones y protestas sociales en Tecomán. Para estas fechas, Kelsy Noamy estaría cumpliendo once años. Cuando la reportera pregunta “¿Qué les dice la autoridad, les han informado cómo van las investigaciones?”, la madre de Kelsy responde: Mañana vienen a darnos información. A ver si es verdad porque otras veces han dicho lo mismo y no vienen. Creo que sólo nos dan el avionazo (largas) para que no estemos dando lata a cada rato. Hasta ahorita no sabemos cuáles son los avances, solo nos dicen que investigan y que investigan, pero nosotros no vemos nada para entender dónde está nuestra hija.

Tal respuesta es similar, si no es que igual, a la que muchos de los familiares de desaparecidos podrían dar cuando se les pregunta por el proceso legal. Porque nada más desalentador que la voz gubernamental cuando no sabe nada, o no quiere saber nada. Será porque una persona, cuando desaparece, empieza a ocupar un espacio tan grande en la sociedad que supera y desborda el lugar que puedan tener las instancias de gobierno. Es un espacio que les recuerda su incapacidad y (tal vez) también su indolencia. Y que también recuerda en otros la falta de solidaridad.

Las desapariciones son un sonido lacerante y un espacio vacío que aterra e indigna. Un desaparecido es la unidad y el total. Uno y cuarenta mil a la vez. Y, cada que desaparece alguien, su nombre ocupa un espacio infinitamente mayor al que ocupa su cuerpo: Kelsy, Héctor, Edwin, Cristofer, Leticia, Ángela, Heber, Enedina, Cristian, Porfirio, Luis, Fernando, Óscar, Marco Antonio, Mariana, Vanesa, Lilia, Carlos, Ramiro, Griselda, Andrea, Selene…