Discurso de odio

Discurso de odio

7 agosto, 2019 0 Carlos de la Peña

Una figura de autoridad puede representar mucho en el ideario colectivo de una nación o de la comunidad más pequeña. Propiciar un discurso de odio también vuelve responsable a quien lo propaga, en mayor o menor medida.

Opinión

No se puede esperar más. Si el líder moral de una nación tiende a estigmatizar y contrastar a sus gobernados mediante políticas y discursos xenófobos, el resultado evidentemente puede derivar en represión entre los mismos. Donald Trump así lo ha hecho.

Recordemos no hace mucho (2015), durante los primeros días de su campaña dijo lo siguiente: “Cuando México envía a su gente, no envía lo mejor, no los envía a ustedes. Están enviando gente con montones de problemas. Están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores y algunos asumo que son buenas personas, pero yo hablo con guardias fronterizos y eso tiene sentido común” (CNN). Cuatro años después, el resultado es una masacre en la cual perdieron la vida 8 mexicanos. Un crimen de odio.

La regulación exhaustiva en la venta de armas en Estados Unidos definitivamente es un debate que lleva años en su congreso. Hay demasiadas vertientes y posturas entre demócratas y republicanos respecto a este tema. Lo que es un hecho es que el presidente Trump no ha dejado de polarizar a sus ciudadanos mediante un agresivo discurso. Me parece que uno de los hombres más poderosos del mundo debe medir con mayor cautela sus palabras, pues pueden terminar por empoderar a quienes tienen mucho tiempo con un odio reprimido hacia cierta parte de la comunidad.

Coincido con el canciller Marcelo Ebrard, se trata de un ataque terrorista contra nuestros connacionales. Mexico debe reaccionar apegado a Derecho y exigir justicia para quienes ya no se encuentran con nosotros. El defender nuestra soberanía y la defensa de los mexicanos en el extranjero debe ser un punto medular a fortalecer en este gobierno. Debemos recordar que fueron las condiciones de nuestro país las que los orillaron a buscar mejores oportunidades en el país vecino, teniendo que soportar actitudes discriminatorias desde su llegada. No por vivir en Estados Unidos son menos mexicanos.

Ojalá entendamos pues, que las palabras no se las lleva el viento. Una figura de autoridad puede representar mucho en el ideario colectivo de una nación o de la comunidad más pequeña. Propiciar un discurso de odio también vuelve responsable a quien lo propaga, en mayor o menor medida.

En nuestro país debemos dejar de lado las distinciones absurdas como chairos, fifis, indios, nacos, etc. Dichos términos solo aportan a la sectorización y al odio infundado, empoderando al ser despectivo y subiéndolo a un escaño ficticio de superioridad. Ahora sí aplica: si el presidente es respetuoso, los demás también serán respetuosos.

Estamos a tiempo de evitar un odio generalizado y posibles actos similares a los ocurridos en Estados Unidos.