Destiempo || Martha Gutiérrez

Destiempo || Martha Gutiérrez

9 agosto, 2020 0 Martha Gutiérrez

El diluvio es intenso. Descargas eléctricas que por momentos estremecen las paredes atestadas de libros. El álbum espera con las imágenes. Es un recuerdo impreso. Fotografías de sonrisas y extrañezas. Un deseo de ser dos. Porque el amor no se compone de una pareja, sino de la expiación de muchos. Este mundo absurdo no es lo que soñamos ni compartimos en las miradas de otros; ni siquiera en los momentos en que concebimos hijos que no nacieron. Ni las palabras que callamos.

Viajes y recorridos por autopistas y brechas. Era una vez un camino de arena con luna sin estrellas, sin gente que se asombrara o señalara reprobando la ternura y el mar que une y separa. Que une y separa. Que separa.

Pero por encima de todo allí está la evocación. Un día escogimos un nombre. Una canción. El silencio. Las noches de sueños y letras. La lluvia impidiendo la cita. Las tertulias con gente que no dice nada y nosotros ahí en medio de tanta soledad y sigilo. Fue un encuentro entre dos seres de disímiles espacios.

Después de todo, no hay nada más interesante que las diferencias reconciliables. El antojo de pertenecer; la esperanza de los encuentros; la ciudad que nos esconde, el puerto que nos protege. “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?” Palabra de Dios.

Un año fallido y uno evoca otras épocas. Siempre en el pasado; a quién le interesa el futuro. No existe ninguna varita mágica, ni siquiera hay credulidad en los pronósticos. Si acaso la meteorología avisa de climas, temporales o veranos sin sol.

Para variar hacemos un mutis y con la mirada vuelta al cielo divisamos el vuelo de las diferentes aves, el cielo confundido con el mar, el verdor de la lejanía y hacemos nuestra propia predicción: no habrá quien irrumpa el destino de nadie. Lo escrito en letras de oro o blanco y negro están sujetas a otra voluntad.

Alguien menciona desgracias, extinciones, desastres, el fin del mundo y no hay preocupación que afecte la rutina. Entonces uno considera que lo mejor es desafiar los retos, esos inevitables enfrentamientos con la propia conciencia, con las ganas de luchar por sus sueños, por los dictados del corazón, tan atrevido, tan indomable.

Por eso, guiándose por un destino que da bandazos sin control, azotados por pandemias, amenazas de guerras secretas, inventos destructivos, naturaleza en decadencia, violencia, inseguridad, pobreza, hambre y enfermedades letales, se escoge la libertad de no creer ni confiar. ¿Para qué sacrificarse por un planeta que está al límite?

El temporal aumenta. Un viento frío entra por las rendijas de cristal y el antojo por un café obliga a abandonar los pensamientos y la añoranza. Dos o tres pasos a la cocina para encontrar el antídoto que puede aminorar hasta la melancolía y vuelvo al rincón donde espera una historia inconclusa.