¿Cómo saber qué soy si nadie me habla de ello?

26 abril, 2019 0 Yadira Villegas

Tengo un recuerdo de cuando tenía 5 años donde me coronaban para Reina de Carnaval del preescolar y me asignaron a un rey que yo no elegí, pero que debía tener porque no existe reina sin un rey, aunque la que fue elegida fui yo, no él. Además, odiaba ese vestido y todo el maquillaje que me obligaron a usar, yo lo único que quería era desfilar con un disfraz de Power Ranger o de cualquiera que fuera el héroe de acción de ese tiempo.

Los años pasaron. Tenía 7 u 8 años cuando mi mejor amiga, la niña más bonita que yo había conocido, me dijo que su mamá le prohibió hablarme. Mi corazón se rompió, yo la quería como no había querido a nadie que no fuera de mi familia, o quizás de forma diferente, pero a esa edad nadie me había dicho que era posible que me gustaran las niñas, me habían convencido que lo normal era que me enamorara de un chico cuando el momento llegara. Digo convencido porque, aunque no me obligaron explícitamente, tampoco nadie me contó que había otras formas de amor.

Luego de un tiempo, quizás a los 10 años, supe que era posible que dos hombres se amaran, pero lo escuché entre frases de odio o reproche, así que imaginé que no era algo bueno, me sentí culpable si acaso es que yo amaba a mi amiga, por eso agradecí a Dios cuando uno de mis compañeros empezó a gustarme, aún así nunca dejé de quererla. Pasamos el resto de la primaria teniendo una relación en secreto de la que mi único arrepentimiento es no haber sido más valiente.

Pero en medio de tanto lío, llegué a la secundaria; nuevos compañeros, nuevos conocimientos y nuevas dudas. Ahora ya tenía claro lo que un homosexual era y, aunque el resto de la gente lo veía como algo terrible o pecaminoso, para mí era lo más normal, amor es amor, ¿cierto? Mentira, decía el coordinador del grupo de jóvenes de la Iglesia, es pecado y están todos condenados y con esa declaración le dije adiós a la religión. “No tengo que ser lesbiana para apoyarlos”, se decía mi yo adolescente, aun cuando cada vez que veía a una de mis nuevas amigas sentía como mi estomago se revolvía, tanto o más que cuando veía a un joven atractivo. No recuerdo el momento exacto en que la gran revelación llegó hasta mi: los bisexuales existen y yo podía ser uno de ellos.

Por mucho tiempo no supe cómo manejarlo, así que la llegada del internet fue una bendición para mí, me puede informar de temas de los que nadie me había hablado o que, si lo hacían, iban cargados de concepciones erróneas, mitos y carga moral. Aún así fue complicado encontrar referentes para mí en la cultura pop, por todas partes empezaban a sonar que un actor se había declarado gay o una cantante lesbiana; en la televisión había personas homosexuales, pero nunca una bisexual. Y por mucho tiempo eso no me molestó, al menos ya sabía lo que era.

En ese entonces uno de mis amigos me habló del programa “El show de Tila Tequila” diciéndome que lo debería ver porque ella es bisexual, “para que te sientas identificada”, añadió. Fue en ese momento cuando me di cuenta de la importancia de la representación, porque si alguien que me conoce bien cree que puedo identificarme con una famosa, que es exactamente lo opuesto a mí, pero que es bisexual, entonces, ¿Cuántas personas no creerán que todos los bisexuales somos así, o cuantos niños y adolescentes pensarán que es así como deben actuar?

Por eso ahora cada vez que alguien se queja porque en la televisión, el cine o los videojuegos aparecen personajes LGBTIQ+ y afirma que es todo una conspiración para desaparecer a los heterosexuales, siento enojo y tristeza, porque esas personas tienen o tendrán hijos que tendrán que vivir historias parecidas a las mía o peores. Porque no hay día que pase en que no sepa de la noticia de una persona del colectivo siendo agredida o asesinada, incluso por las leyes de algunos países. O simplemente sin poder entender qué es lo que le pasa, sin poder verse reflejado en ninguna parte, sintiéndose como anormal o incorrecto, sin tener a nadie en quien confiar porque a su alrededor sólo se le enseña que está mal amar a quien ama.

Imagen tomada de: @Oyemathias h

Y pensándolo mejor, no sólo importa la inclusión de personajes LGBTIQ+ en la cultura popular, sino en programas educativos adecuados y especializados en sexualidad con todo lo que ello implica, porque yo sólo estoy hablando de la orientación sexual, la identidad de género es también uno de los temas que requieren atención. Todo esto me hizo pensar en la importancia de que instituciones como la BBC haga una pregunta como esta en unos de sus programas: ¿Es moralmente correcto que niños de 5 años aprendan sobre problemas LGBT en la escuela?

Aunque la verdadera pregunta que yo haría sería esta: ¿Es moralmente correcto que los niños desde que nacen estén rodeados de “propaganda heterosexual”, sin importar que en futuro eso sea un obstáculo para que se abran al mundo como una persona LGBTIQ+, porque les han enseñado que eso es inmoral y anormal, además que es una excusa excelente para que los acosen, los discriminen, les quiten derechos y hasta los maten?