BoJack Horseman: La vida es una serie de puertas cerrándose

BoJack Horseman: La vida es una serie de puertas cerrándose

11 abril, 2019 0 Yadira Villegas

A estas alturas si alguien no ha visto BoJack Horseman seguramente habrá escuchado hablar de ella, pues la primera animación para adultos de Netflix cuenta ya con cinco temporadas emitidas desde su estreno en agosto de 2014. Fue creada por el humorista Raphael Bob-Waksberg, en colaboración con la dibujante Lisa Hanawalt.La idea para crear BoJack Horseman vino a Bob-Waksberg, de su amiga Hanawalt, quien le había enviado un libro con dibujos de animales protagonizado por un caballo antropomórfico. Aquellos bocetos le inspiraron para diseñar un proyecto de serie de animación para adultos ambientado en el mundo del espectáculo, en el que humanos y animales convivirían: “Me acababa de mudar a Los Ángeles desde Nueva York, no conocía a nadie y estaba viviendo en una casa en las Colinas de Hollywood que era del amigo de un amigo. (…) Recuerdo estar sentado en el escritorio, viendo la panorámica de Hollywood, y me sentía como en la cima del mundo, pero también sentía que nunca había estado tan solo y aislado. Eso me dio la idea de explorar un personaje que había tenido todos los éxitos del mundo y aun así seguía sin encontrar la forma de ser feliz. Combiné mi melancolía con los dibujos de animales de Lisa, y eso fue realmente la base del argumento.” Según Lisa Hanawalt, la idea de mezclar humanos con animales antropomorfos responde a que: “El antropomorfismo es usado por los caricaturistas para aumentar lo absurdo; mis esculturas no sólo funcionan como ‘modismos visuales’ o lo que demonios esté intentando hacer.

Y el resto es historia, como se suele decir, pues BoJack Horseman ha sido calificada como una de las mejores comedias en la actualidad,algo con lo que estoy completamente de acuerdo, es una serie que he visto completa más de una vez y de la que podría hablar por horas, describir cada capítulo y no me cansaría nunca de hacerlo. Por eso estoy escribiendo esto, pero muchas personas han hablado ya de la serie y de su protagonista, y conforme empezaba a escribir pensaba en qué puedo aportar yo a todo lo que se ha dicho. La respuesta fue simple, puedo hablar de lo mucho que veo de los personajes en mí y como eso, probablemente, es lo que me hace recurrir a esta serie cada vez que me siento deprimida. Jamás en busca de consuelo, sino como un recordatorio constante del límite al que no quiero llegar, porque, aunque la premisa de la serie y muchos de sus momentos son un constante de bromas sobre lo absurdo que es el mundo de los famosos y la propia existencia, es sólo una máscara superficial que oculta cuanto se adentra a explorar los sitios más obscuros de la condición humana en cada uno de sus personajes.

Por esto para quien va en busca de una comedia no le resulta fácil engancharse con la serie, no es que no tenga los elementos, después de todo es un programa sobre animales antropomórficos conviviendo con seres humanos y da lugar a situaciones que sacan una carcajada segura, como en el capítulo que vemos a una vaca mesera servir de mala gana un trozo de carne a un cliente, o cuando Mr. Peanutbutter, un perro labrador, es detenido por el oficial Fuzzyface, un gato, luego de haber perseguido con su auto al vehículo postal, por poner sólo algunos ejemplos. Pero son los menos, la mayor parte del tiempo nos atrapa con la trama, con el ir y venir en las historias de sus personajes, dejándonos que temporada tras temporada nos adentremos más en su vida y veamos como sus sentimientos y acciones progresan. O no. Porque esa es la parte más obscura, ver como sus personajes están atrapados en el mito de Sísifo, tal como lo contó Albert Camus: los dioses lo condenaron a perder la vista y a pasarse la vida empujando un pedrusco gigante hasta la cima de una montaña, dejándolo caer para volver a empujarlo, en un bucle eterno. Así sus personajes tratan siempre de mejorar, de salir adelante, pero una vez más, sin importar cuanto traten vuelven a caer en los mismos vicios y errores, en un bucle eterno de dolor y miseria para los que están cerca y para ellos mismos.

“El universo es un vacío cruel e indiferente. La clave de la felicidad no es buscarle sentido de la vida, solo entretenerte con estupideces sin importancia, y con el tiempo, estarás muerto”, le dice Mr. Peanutbutter a su esposa, Diane, en un esfuerzo por reconfortarla, pero que no lo hace, porque es una visión aterradora, pero que bien resume la esencia de la serie: la vida no tiene más valor que él que le damos a las cosas. O como constantemente nos dice el caballo antropomórfico estrella de una serie de los 90’s, BoJack Horseman:“¿Sabes? A veces siento que nací con una fuga, y cualquier bondad con la que haya empezado lentamente se ha derramado de mí y ahora la he perdido toda. Y nunca la voy a recuperar. Es muy tarde. La vida es una serie de puertas cerrándose, ¿no?”

Entonces, ¿Por qué cobijarse en una serie que me dice que es imposible ser feliz? Porque, si su premisa se basa en lo absurdo, no tengo que ser como sus personajes, puedo dar una mirada al abismo sin permitir que ese abismo entre en mí, o quizás BoJack diría de mí: “Es tan estúpida que no se da cuenta de lo miserable que debería ser. La envidio”.