Andrés Manuel en tiempos de pandemia | Hugo Sandoval

Andrés Manuel en tiempos de pandemia | Hugo Sandoval

23 mayo, 2020 0 Hugo Sandoval

Opnión

Las frases por sí mismas son correctas, lo dudoso es su significado real que huele a incertidumbre, a terminología de novela de ciencia ficción, a la ocurrencia por sobre lo racional y seguro. Me refiero a lo de “La Nueva Normalidad”, “Actividades Esenciales” o “Municipios de la Esperanza”, oraciones que de manera oficial han sido acuñadas por, o con, el beneplácito de su majestad tropical y que conforman el desfile de vocablos que nos acompañarán durante la cuarentena y en el regreso sin fecha aún, a lo cotidiano. No olvidemos tampoco la joyita “como anillo al dedo”, expresión dicha un día a muy temprana hora.

Como se van dando las cosas, se tiene la impresión de que hay una mezcla de acciones y dichos para mostrar empoderamiento frente a los medios independientes que ofrecen información diferente, o contraria a la de las conferencias con el portavoz de moda. O bien, todo va rodeado en una neblina misteriosa que no ofrece ninguna seguridad en todos los sentidos, al contrario. Por supuesto que nadie está exento de caminar a ciegas dentro de algo que, de alguna manera, nos tomó desprevenidos y que hace apenas unos meses era impensable que sucediera.

Pero entre imposiciones, aseveraciones sin fundamento, debates inútiles, retractaciones de comedia y adivinanzas triviales, se dan situaciones que propician interpretaciones maliciosas. En una de sus escasas apariciones frente a la población temerosa, en breve intervención, el titular de la Secretaría de Salud, Don Jorge Alcocer, dijo textualmente de manera atropellada que: “…se privilegiará siempre la salud y la vida. Pues vayamos hacia esa nueva mortali… perdón, normalidad”. Insisto, no hay que ser mal pensados y negativos, hay mucho nerviosismo y dar la cara sin saber qué decir, es algo difícil.

La intención de polarizar, de dividir, ya no es una suposición, es un hecho. El pleito recurrente del gobernante, sus legisladores a modo, sus seguidores envalentonados que están pendientes de cualquier acercamiento o roce con los pétalos de la rosa de la cuarta transformación, demuestran un fervor peligroso que convierte en divino a un simple, pero muy simple, mortal perseverante que se mantuvo firme en su aspiración, esperando el cansancio de una población agredida y despreciada por una clase política. Una infame élite compuesta por los herederos del poder y eventualmente por unos alternantes que desperdiciaron la oportunidad de perdurar en lo logrado y se dedicaron a tomar el botín más fácil, que no por ello, es poco, al menos de lo conocido. Nunca emprendieron la mínima labor por hacer lo contrario de lo anterior y mantener el control del país.

La intención de polarizar, de dividir, ya no es una suposición, es un hecho. El pleito recurrente del gobernante, sus legisladores a modo, sus seguidores envalentonados que están pendientes de cualquier acercamiento o roce con los pétalos de la rosa de la cuarta transformación, demuestran un fervor peligroso

Pero volviendo a la actualidad, no deja de asombrar que quienes forman parte de la presente aventura política que se vive en nuestro país, hacen desde el poder legislativo o en algún puesto de primer nivel, lo imposible por encabezar iniciativas absurdas e ilegales. Propuestas legislativas que más bien parecen parte de una comedia chusca para conseguir la sonrisa y la aprobación de su dios hecho presidente. Al respecto, el partido mayoritario y depositario del poder, solicitó violentar la Constitución al proponer que una institución con objetivos necesarios en materia estadística, dedicara sus recursos humanos y económicos para hurgar dentro de cada hogar mexicano y saber cuántas teles, cuántas computadoras o cuántos pares de zapatos nuevos y viejos tiene cada quien y así juzgar qué tan rica es cada familia.

Pero, el presidente López Obrador se manifestó en contra de semejante incongruencia morenista, por lo cual declaró lo siguiente: “No creo que sea correcto, se tienen que mantener en privado lo que significan patrimonios de empresarios y de todos los mexicanos. La obligación de dar a conocer los bienes patrimoniales es para los servidores públicos”. Y remató su rechazo diciendo que “no es conveniente esa propuesta”. ¡Tómala! Por supuesto que ese rechazo podría tener varias lecturas, como el ser un gran distractor de los problemas que se le han juntado y salir airoso de forma heroica, rechazando el disparate de sus correligionarios. Por otra parte, resultaba complicado evidenciar a sus cuates, como Bartlett, Elba Esther, Ricardo Salinas o don Napoleón Gómez, entre otros, al dejar que se cometiera alguna indiscreción sobre las cuantiosas fortunas y bienes de todo tipo que tienen y que, en algunos casos, no puede justificarse. Además de que no podía permitir que fueran molestados en sus humildes hogares, o en algunas de sus propiedades para saber si realmente son muy ricos o nomás fingen para la foto.

Cualquiera que no tenga una pasión partidista, probablemente desearía que al Presidente de la República, sea quien sea, le vaya bien. Que genere riquezas, empleos, obras trascendentales y una mejor calidad de vida para todos y lo más importante, que gobierne bien. Pero el escenario es otro, hay autoritarismo, reclamos ridículos hasta con medios internacionales. Por lo demás, cualquier asomo de crítica, por muy constructiva que sea, es estar en contra o ser de una derecha y un conservadurismo imaginario. En fin, el mensaje parece ser: Solo quienes me aplauden, alcanzarán el reino de los cielos.