Amar y armar la realidad

Amar y armar la realidad

29 mayo, 2019 0 Avelino Gómez

Toca, como dijera nuestra poeta Víctor Manuel Cárdenas, amar la realidad. Con rabia. Con desesperación. Hacerla nuestra.  No dejársela a los delincuentes ni a los gobernantes, porque en el fondo algunos de ellos se parecen mucho.

Los días en Manzanillo son rudos. Pero, particularmente, estos últimos han sido aciagos,  decepcionantes.  Ante un panorama donde la delincuencia no descansa, las instancias de gobierno parecen más que ineficaces, inútiles. Desde la lejana y pachorruda federación, pasando por un gobierno estatal mermado en su credibilidad, hasta una administración municipal encabezado por una joven mujer incongruente, errática.

Hemos visto ya de todo en lo que respecta a la criminalidad. Está de más enumerar los hechos de sangre que cotidianamente suceden en las calles del puerto. Los más reciente, no obstante, calan muy hondo en la ciudadanía porque un puñado de delincuentes segaron, de manera vil, la vida de algunos de nuestros jóvenes. Toda vida es tan valiosa como sagrada. Más la de nuestros niños y jóvenes. Si no tenemos la capacidad para protegerlos ¿entonces qué tenemos? Qué nos queda si dejamos que un puñado de inadaptados nos arrebaten la vida de los más jóvenes.

Quizás el miedo nos detiene por momentos, pero luego nos mueve la indignación al entender que es imposible esperar respuesta de un gobernante: ya no digamos compasión, al menos  solidaridad ante las tragedias ciudadanas. Tan desafortunada fue aquella declaración del gobernador Ignacio Peralta en la que hablaba del “efecto colateral” como justificante de la muerte un joven vendedor de flores en la ciudad de Colima (mayo 2017) , como la declaración de la alcaldesa porteña Griselda Martínez al revictimizar a una muchacha recientemente asesinada, acusándola con ligereza de haber sido una delincuente.

Ante esta ruindad uno se pregunta qué clase de gobernantes tenemos. Pero también qué clase de ciudadanos somos. Porque el telón de fondo es una polarización absurda y un burdo activismo en las redes sociales. A lo mejor detrás de una pantalla el mundo sea menos amenazante para unos, o más fácil de juzgar para otros. En todo caso, pretendemos matizar la realidad a nuestro modo. No obstante la vida sigue en la calle, y es ahí donde pasan los asesinatos, las desapariciones, las desgracias, las injusticias. Pero también pasan cosas buenas, grandes, esperanzadoras.

En Manzanillo, lo repito,  ya hemos visto de todo. Todo nos ha pegado y quizás nos seguirá pegando por mucho tiempo. Pero no se asuste. Toca, como dijera nuestra poeta Víctor Manuel Cárdenas, amar la realidad. Con rabia. Con desesperación. Hacerla nuestra.  No dejársela a los delincuentes ni a los gobernantes, porque en el fondo algunos de ellos se parecen mucho. Toca, digo, amar y armar la realidad tal como nosotros queremos que sea.